Anti Tropicalia, una “utopía tropical” – Rosina Cazali

Colaborar es por un lado una estrategia para superar los limites creativos que uno tiene como individuo pero es también una estrategia de descubrimiento.

Carlos Amorales

Por Rosina Cazali

El pasado 17 de septiembre, en las salas 1, 2 y 3 del impresionante Museo de Arte y Diseño Contemporáneo en San José, Costa Rica, se inauguró la exposición Anti Tropicalia del artista mexicano Carlos Amorales. Con curaduría de Stefan Benchoam, esta exposición se articuló de manera inusual. Dedicada con especial atención al dibujo, al que Amorales ha dedicado un gran interés por muchos años, la exposición también integró una serie de trabajos en video que están directamente atados a la música. Desde su archivo personal, al que denomina “archivo líquido”, por su capacidad intrínseca de activar procesos experimentales, Amorales explora cosas como las implicaciones de “interpretar un ensamble sinfónico luego de que las partituras (impresas en grafito) hayan sido borradas y sobre dibujadas”. En ese entramado expositivo, sin embargo, si algo llama la atención es la presencia de los útiles sonoros del músico guatemalteco Joaquín Orellana. Esto atiende a que dos de los videos son producto de trabajos de colaboración entre Amorales y Orellana. Uno de ellos es El Aprendiz del Brujo (2013), una reinterpretación libre de la música y las imágenes del conocido fragmento del ratón Mickey en el film Fantasía (1940), de Walt Disney. En la siguiente entrevista, Amorales y Benchoam hablan de las premisas de la exposición y del fascinante proceso de conceptualización y montaje de la muestra. Al igual que las obras de Amorales y Orellana, son producto de la necesidad de explorar la identidad flexible y versátil del dibujo y la música, de las distintas mutaciones que el sujeto ha de enfrentar a lo largo de su vida.

 

Museo de Arte y Diseño Contemporáneo. MADC. 2015
Museo de Arte y Diseño Contemporáneo. MADC. 2015

Rosina Cazali: Carlos, antes de iniciar la entrevista, quiero disculparme porque esta entrevista no es solo sobre tu trabajo. Me disculpo porque no puedo esconder mi curiosidad y entusiasmo por la inclusión de los útiles sonoros de Joaquín Orellana en Anti Tropicalia, tu más reciente exposición inaugurada en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo en San José, Costa Rica. Pero prometo ir por partes y resistirme a lo seductor de este extraordinario evento. Como primera pregunta, ¿qué es lo que te ha motivado a desarrollar proyectos colaborativos?

Carlos Amorales: Hago mis proyectos utilizando procesos colaborativos que varían según el tipo de obra. No es lo mismo dirigir una película que producir una imagen o, como en el caso de las obras que componen esta exposición, colaborar con músicos. El proceso musical es esencialmente colaborativo y cuando se trasciende la lectura de la notación es posible entrar en un proceso muy interesante que es el de la improvisación, lo que permite trascender la interpretación original del plan. Colaborar es por un lado una estrategia para superar los limites creativos que uno tiene como individuo pero es también una estrategia de descubrimiento.

R.C.: Esto también quiere decir que tus obras no son estables, que pueden mutar de un momento a otro…

C.A.: No estoy muy seguro sobre si entiendo bien a que te refieres con que mis obras “no son estables”, porque las cuatro piezas de video en la muestra de Costa Rica fueron terminadas hace ya un par de años, lo mismo que los dibujos, tanto los enmarcados como los rayones que están dibujados sobre la pared, que también están terminados. La exhibición trata de obras que van de lo visual a lo musical y viceversa, mediante el uso de instrumentos interpretados por músicos, yo mismo o por máquinas. Son obras que para ser exhibidas siguen un protocolo preciso de montaje.

R.C.: Me refiero a esa dimensión donde el trayecto no está predeterminado y las ideas fluyen. Donde el pensamiento y la creatividad son producto de lo efímero, lo mutable y lo impredecible.  

C.A.: Claro, en un nivel mas filosófico, si entendemos que las obras no son estables debido al los procesos de pensamiento que seguí para hacerlas, entonces en el caso de esta muestra si hay un aspecto de inestabilidad, por su relación con la creación musical. Para darte un ejemplo: en Erased Symphony, la obra que hice en Viena, propuse una partitura borrable a un ensamble de músicos. Surgió entonces la pregunta sobre como interpretar el silencio. Obviamente los músicos, dado su virtuosismo, podían simplemente dejar de tocar ante los fragmentos borrados en la partitura, como si fueran computadoras. Pero para los músicos el valor del “silencio” se volvió una decisión subjetiva, susceptible a ser explorada artísticamente, lo que nos permitió trascender mi concepto inicial y encontrar un sentido más profundo.

R.C.: Ya aclarado el asunto, ¿cuál es el valor que suma a tus obras ese sentido de “no estabilidad”?

C.A.: Siendo artista entiendo la creación de una obra como la activación de procesos experimentales que me posibilitan plantearme preguntas sobre lo que se manifiesta: este es mi problema artístico. La obra de arte, una vez exhibida, no puede tener un significado estable a menos que este se defina bajo un consenso universal, lo que es un problema de la historia del arte. La inclusión de los instrumentos de Orellana en mi exposición no son ni reflexiones sobre temas de la historia del arte, ni tampoco son problemas artísticos ya que nuestras obras son cuerpos de trabajo independientes. La inclusión de los instrumentos en mi muestra es ante todo un problema de índole curatorial, ligado a la intención de generar varias capas significantes dentro de la exposición. En la sala principal se superponen capas de lo que yo llamo “fascinación”: lo que está rayado en los muros, los dibujos enmarcados y finalmente los objetos que se instalaron en el espacio. Estas capas de fascinación resuenan primero entre sí y después con los videos “Fantasía de Orellana” y “El Aprendiz de Brujo” que están instalados en la sala contigua y son las obras que hice en colaboración con Orellana en el 2012. Así es la construcción curatorial que formulamos para el MADC a partir de un diálogo entre Stefan Benchoam, el curador de la muestra, y yo.

…me conmovió su relación personal con el pensamiento vanguardista: una visión que desarrolló en el contexto de una sociedad muy injusta, conservadora y oprimente.

Carlos Amorales

R.C.: En ese sentido, cuáles fueron los vínculos, coincidencias o diálogos que reconociste entre tu trabajo y la música de Joaquín Orellana…

C.A.: Joaquín Orellana es un músico que esencialmente es un inventor. A partir de su experiencia en el Instituto Di Tella, en Argentina, a finales de la década de los sesenta, donde descubrió la música electro-acústica, a su regreso a Guatemala en plena guerra civil, tuvo que inventar una serie de procedimientos musicales que le permitieran continuar con su experimentación sonora. Para eso creó una serie de instrumentos basados en la marimba, que se llaman útiles sonoros, que en realidad replican o se acercan a ciertas cualidades de los instrumentos electrónicos vanguardistas. A partir de esta idea desarrolló su propia escritura musical y piezas que son específicas a sus instrumentos. Cuando conocí su obra me interesó mucho porque encontré varias coincidencias con la investigación artística que yo estaba haciendo en aquel momento. Además me conmovió su relación personal con el pensamiento vanguardista: una visión que desarrolló en el contexto de una sociedad muy injusta, conservadora y oprimente.

R.C.: Vamos un poco más atrás, ¿cómo y cuándo conociste a Orellana?

C.A.: Lo conocí cuando vine por primera vez a Guatemala a finales del 2011, junto con mi amigo el músico Julián Léde, invitados por Stefan Benchoam porque queríamos experimentar con la idea de las partituras borrables con un grupo de músicos clásicos guatemaltecos. Como a los músicos clásicos, que suelen ser conservadores, les pareció muy raro nuestro experimento, insistieron en presentarnos a un músico también raro, quien resultó ser Orellana. Cuando entramos en su estudio yo me sentí absolutamente conmovido por su trabajo y me di cuenta de su enorme importancia. Mas que proponerle colaborar en nuestro experimento, pues él no es un músico clásico, pensé que sería mucho más interesante comisionarle una pieza musical y grabarla de la manera mas óptima.

R.C.: ¿Te sorprendió encontrar a un músico de su talla en Guatemala?

C.A.: En Guatemala como en cualquier parte del mundo. Es un músico muy especial que podríamos comparar con el suizo brasileño Walter Smetak o con el americano Harry Patch, pero con una visión diferente ya que sus instrumentos están ligados a la música electrónica y no al interés por lo primitivo, en este sentido es mas afín a Conlon Nancarrow.  Sin embargo Orellana tiene la particularidad de haber vivido en un país con una historia muy cruel, aislado del resto del mundo, sin verdadero apoyo institucional, generalmente incomprendido y poco valorado. Considero a Orellana como uno de los artistas mas originales que han surgido en Guatemala. Es sumamente urgente que su obra se valore cuanto antes y se preserve de una manera que sea profesionalmente consistente. Por suerte hay personas en Guatemala que se han dado cuenta de su importancia y ahora están dando los primeros pasos para ayudarle. Alejandro Torun, presidente del Sistema de Orquestas de Guatemala, y Stefan Benchoam están organizando una campaña de Kickstarter que comenzara a mediados de noviembre para reunir los primeros fondos necesarios para apoyarlo, que reunirá los fondos para hacer un registro de calidad de “Ramajes de una marimba imaginaria”, una de sus obras más icónicas. Que es la primera parte de un proyecto más amplio que busca apoyarlo directamente a el y a la valorización de todo su legado. Este es un comienzo que puede significar una diferencia muy grande.

R.C.: El producto de la primera colaboración entre tu y Joaquín fue el video titulado Fantasía de Orellana. ¿Podrías explicarnos en qué consistió aquella colaboración?

C.A.: Consistió en darle un fragmento fotocopiado de la animación conocida como “El Aprendiz de Brujo” de Walt Disney, que es comúnmente considerada como el parte aguas en cuanto a lo que se ha hecho entre la relación de las artes visuales con la música. La animación fue solamente un pretexto para que Orellana compusiera algo nuevo. Después partí esta animación fotocopiada en dos, rasgándola, como quien descarta un documento. A Partir de la música compuesta por Orellana instalé en su estudio una pantalla para filmarlo dirigiendo y tocando sus instrumentos como en un teatro de sombras, esto generó una especie de animación fantasmagórica donde podemos percibir visual y auditivamente la estructura de su música. Para mí, que no soy un cineasta documentalista, significó la manera en la que pude colaborar con un artista como él, en una relación de artista a artista, con el debido respeto que le debo a su genialidad y a su larga experiencia. Esta experiencia significó la creación de las piezas “Fantasía de Orellana” y “El Aprendiz de Brujo”.

R.C.: Y ahora, ¿por qué se incluyeron los útiles sonoros en Anti Tropicalia, tu exposición en el MADC?

C.A.: Se incluyeron debido a una casualidad. Mientras Stefan Benchoam y yo colaborábamos en San José montando la exposición, la persona encargada de educación del museo nos contó que había una serie de instrumentos de Orellana guardados en la bodega del SiNEM, un instituto de música. Recordé que poco antes de filmar Fantasía de Orellana en el 2012, él había sido invitado a presentar su música en Costa Rica. Me lo platicó cuando le pregunté sobre la razón de que faltaran algunos de sus instrumentos en su estudio y me explicó que los había enviado a San José y que además habían hecho algunas réplicas. Nuestra sorpresa hace dos semanas fue encontrarnos con que estos instrumentos nunca le habían sido devueltos, ni los originales ni las réplicas. Desde hace tres años estaban arrumbados en una pequeña bodega en las oficinas de aquel instituto, sin que nadie supiera cómo utilizarlos, más bien con ganas de deshacerse de ellos. Más allá de sentir indignación por tal descuido lo primero que pensamos fue en la necesidad de rescatarlos, así que le pedimos al museo que los transportara a sus premisas. Una vez en el museo fue muy emocionante ver como al acomodar los instrumentos cuidadosamente en la sala principal, donde ya habíamos instalado mis dibujos, de pronto lucieron como lo que realmente son: obras de arte hermosas, únicas en el mundo, que fueron creadas por un artista muy especial: Joaquín Orellana. La aparición de sus instrumentos dentro de la exhibición es similar a lo que en cine se conoce como un cameo, que es la invitación de una personalidad reconocida, interpretándose a sí mismo, dentro de la película.

Museo de Arte y Diseño Contemporáneo. MADC. 2015
Museo de Arte y Diseño Contemporáneo. MADC. 2015

R.C.: ¿Cómo funcionan, cómo dialogan los útiles sonoros con tus dibujos expuestos en el MADC?

C.A.: Ambos cuerpos de trabajo están situados en un plano paralelo. Me explico: los instrumentos son esencialmente lo que son y mis dibujos también son lo que son. Es decir que interactúan por el hecho de haber sido ordenados en el mismo espacio, relacionándose por las cualidades que le son propias a cada cuerpo de trabajo. En este caso los instrumentos no están emplazados en el espacio para ser tocados ni por el público ni por músicos, están allí como objetos para ser contemplados, para ser entendidos como obras de arte. Queremos invitar a Orellana en noviembre para que decida qué quiere hacer con ellos cuando la muestra termine. A partir de esa decisión lo que nos toca es apoyarlo, para que los instrumentos no se pierdan nuevamente.

R.C.: ¿Se aspira a que dialoguen entre sí o hay un dejarse llevar por algo caótico y aleatorio?

C.A.: Se aspira a algo mas concreto, que es contribuir a que la gente se dé cuenta del valor cultural de la obra de Joaquín Orellana para que se haga lo posible para preservar un legado tan importante. Lo que hicimos es un gesto muy simple: sacamos sus instrumentos olvidados en un almacén para ponerlos dignamente en un museo, el efecto es muy directo y se nota porque mucha gente está reaccionando positivamente, maravillada por su belleza e intrigada por la trayectoria de su creador. Este es el gesto real, un gesto preeminentemente activista para motivar a la gente de Guatemala a que valore su propia cultura. Creadores como Joaquín Orellana, Carlos Mérida, Aníbal López y Regina Galindo, entre muchos, le otorgan una inmensa dignidad a su país.

R.C.: Oye, ¿y por qué el título Anti Tropicalia?

C.A.: Titulé la exposición así porque para trabajar en la sala principal hice un güiro de grafito. Al compararlo con el instrumento original, de madera pintada de colores, me di cuenta de que se había desvanecido esa identidad tan tropical asociada a este instrumento de percusión, resultando en un objeto que se parece mas bien a un misil, que es frío y que en realidad funciona para dibujar estructuras lineales en vez de para hacer música. Esta imagen fue la que me sugirió el título, que también podría implicar un término, como si de una anti vanguardia musical se tratara. Sin embargo a partir del inesperado hallazgo de los instrumentos perdidos de Orellana me he podido figurar otro significado: en los últimos años se ha vuelto común la identificación de lo latinoamericano con el tropicalismo, como una especie de ética y estética relajada, donde el modernismo utópico queda graciosamente sepultado por el entorno selvático, caótico y aleatorio. Es un concepto preeminentemente comercial sobre la identidad cultural latina que me parece decorativa y autocomplaciente, porque por un lado se posibilita una relación que simpatiza con lo socialmente fallido, la utopía latinoamericanista, pero a la vez permite que se descuide a creadores importantísimos como Joaquín Orellana, quien ha sobrevivido más de cuarenta y cinco años siendo un utopista radical.

 

Museo de Arte y Diseño Contemporáneo. MADC. 2015
Museo de Arte y Diseño Contemporáneo. MADC. 2015

EL CURADOR NOS CUENTA…

Rosina Cazali: Stefan, ¿podrías contarnos cuál fue la idea central para reunir la obra de Joaquín Orellana con la de Carlos Amorales en esta exposición?

Stefan Benchoam: Es resultado de una gran afinidad entre ambos. Sin embargo, de cierta manera se dio por puro chance. Originalmente sólo contemplábamos incluir la Fantasía de Orellana y El aprendiz del brujo. De repente, mientras montábamos la exposición, Antonieta Sibaja (del Departamento de Educación del MADC) nos recordó que Orellana había estado en una mini gira de dos conciertos en Costa Rica en el 2012. Según ella existía una serie de réplicas de los útiles sonoros, que habían sido construidos a partir de instrucciones para la ocasión. El día antes de inaugurar la muestra dimos con ellos en el SINEM (Sistema Nacional de Educación Musical). Ahí estaban, mal almacenados, entre polillas y telarañas.

R.C.: No puede ser. ¿Y qué pasó después?

S.B.: Al verlos ahí y así, Carlos y yo brincamos, incrédulos. Casi de reflejo le preguntamos al director del SINEM si los podíamos llevar al museo para incluir en la muestra. Nos respondió que “en realidad le haríamos un favor al llevárnoslos de ahí y desocupar ese espacio, dado que estaban en total desuso, y no sabía qué hacer con ellos”. Inmediatamente llamé a Orellana para contarle lo que estaba pasando. Media hora después estábamos de vuelta en el SINEM con un camión para transportarlos.

De vuelta en el MADC hicimos una especie de inventario y nos dimos cuenta de su estado de deterioro tan alarmante. Los limpiamos y fuimos colocando en la sala principal del museo de manera temporal. Y fue ahí, al ordenarlos, que nos dimos cuenta lo bien que dialogaban con los dibujos y esculturas de Amorales, lo bien que articulaban la exposición, y lo lindo que había sido ese proceso… En un proceso súper orgánico, fluido y casi alquimista, en cuestión de apenas un día, pasaron de ser puro estorbo en una bodega a convertirse en objetos de contemplación en las salas de un museo. ¡Fue increíble!

Más que una metáfora de la convivencia lo que se evidencia aquí es una historia trágica y sumamente conocida en nuestra región.

Stefan Benchoam

R.C.: ¿Cómo se empalman, cómo dialogan los dibujos de Amorales y los útiles de Orellana?

S.B.: La sala principal del MADC es un espacio bastante amplio y complicado en general. En Anti tropicalia coexisten muchas capas de información; la instalación de dibujos de grafito directamente sobre las paredes de la sala, los dibujos en carboncillo que están enmarcados sobre las paredes, las mesas sobre las que reposan los güiros de grafito que produjo Amorales específicamente para la exposición (y con los que se dibujó las paredes del museo), los útiles sonoros de Orellana, y también el sonido de la Fantasía de Orellana que está en la sala adjunta y que se filtra en la sala principal. Hay mucho ruido, mucho contenido. Pero todo funciona entre sí y el espacio se hace pequeño.

Como espectador y curador de la exposición, fue una experiencia muy enriquecedora, dado que hay tanto un sentido de orden como de caos. Hay trabajo histórico de comienzo de los setentas a la par de trabajos recientes de los últimos años. Y hay un contraste de materiales y temperaturas, de los güiros fríos de grafito con los útiles sonoros calurosos de madera. Hay muchas tensiones, mucho diálogo entre las distintas partes. Un constante ir y venir para los sentidos.

R.C.: Este experimento, propicio a lo inestable, a lo sorpresivo… ¿Establece alguna metáfora desde la convivencia, lo colaborativo?

S.B.: Más que una metáfora de la convivencia lo que se evidencia aquí es una historia trágica y sumamente conocida en nuestra región: la de estos grandísimos valores culturales (en el caso de Guatemala: Margarita Azurdia, Francisco Tún, Aníbal López, entre muchos otros) cuyo trabajo debería de estar resguardado por la historia del arte y por algunos de los museos e instituciones de arte más importantes del mundo. Sin embargo, no solo no lo están, si no que los artistas pasan sus vidas construyendo legados invaluables, en contra de un sin fin de factores en su día a día.

R.C. ¿Crees que la visibilidad de la obra de Orellana va a tener algún efecto sobre su apreciación?

S.B.: Por dicha, el cierre de esta exposición coincide con el lanzamiento de una campaña de “crowdfunding” para recaudar fondos con el que esperamos realizar grabaciones de algunas de las composiciones más emblemáticas de Orellana. Con ese dinero pretendemos restaurar sus útiles sonoros y dejar buenos registros (en audio, video y fotos) del trabajo que ha venido realizando Orellana de manera prolífica desde comienzo de los sesentas. Esto es un esfuerzo conjunto: Carlos Amorales, Alejandro Torún (presidente del Sistema de Orquestas de Guatemala), y muchos otros amigos que entendemos la oportunidad histórica que tenemos en nuestras manos. La campaña se propone por medio del NuMu y se lanzará conjuntamente en las plataformas de Kickstarter y Art Basel el 16 de noviembre. ¡Estamos sumamente emocionados y optimistas ante la posibilidad de poder recaudar los fondos necesarios para ello, y finalmente poder colocar a Joaquín en el espacio que se merece!

Museo de Arte y Diseño Contemporáneo. MADC. 2015
Museo de Arte y Diseño Contemporáneo. MADC. 2015

R.C.: Por último, tú, como curador de la exposición, ¿a qué atiende el título de la exposición?

S.B.: El título de la exposición se le ocurrió a Amorales en su estudio, al momento de colocar un güiro tradicional de madera a la par de uno de los güiros de grafito que produjo para la exposición en Costa Rica; de un objeto/instrumento que comúnmente se pudiera asociar con la Tropicalia con otro que era idéntico pero que al cambiar sus materiales se volvía otra cosa por completo y generaba una tensión visual fuerte.

R.C.: ¿Cuál fue el motivo de recurrir nuevamente a la idea de lo tropical? ¿No te parece un gesto ya demasiado manido?

 S.B.: En el interés de retarme (en gran parte por la línea de trabajo curatorial que he venido realizando en los últimos años, donde uno de mis intereses recurrentes ha sido la de contribuir a generar una neo-tropicalidad) fue que Amorales me propuso el título para la exposición. Aunque entendí su gesto como un reto, también pensaba que funcionaba muy bien como título de la muestra dado el tipo de trabajo que presentaríamos, y el hecho que finalmente se realizaría la muestra en el principal museo de una de las capitales turísticas del trópico por excelencia: San José, Costa Rica. Así que en contra de sus pronósticos acepté la propuesta del título sin ningún tipo de resistencia.

 

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