YASMIN HAGE: LA MEMORIA DE LAS SOMBRAS

El trabajo del artista es un pequeño laboratorio que conecta entre sí distintos aspectos de la realidad y los cifra de maneras inesperadas. Uno encuentra lugares para la producción de sentido, incorporando al saber también aquello que se dice con las manos o con los materiales.” Yasmin Hage y el arte como un instrumento para la memoria.

El trabajo artístico para Yasmin Hage no suele estar desligado de una investigación en las sombras. La Historia y la(s) historia(s), el transcurso del tiempo y el día a día forman parte de su obra como una bibliografía palpitante, sin la cual no habría bombeo creativo. Autorreferencial o crítica ante las complejidades de las circunstancias políticas y sociales que han sido parte de su tiempo, las “materializaciones” de Yasmin Hage contienen recorridos por pequeñas historias que son, a la vez, posicionamientos existenciales que van narrando el movimiento y la transformación de una artista que se las ha “comido”, sumergiéndose en las capas de significados y contradicciones que encierran.

Quise conversar con la artista visual, pero me encontré con la escritora. Suele pasar que los artistas se sientan, si no incómodos, más a gusto respondiendo a las aburridas entrevistas que solemos hacerles de forma hablada y rápida. Yasmin prefiere la palabra escrita, y, al parecer, ninguna de mis preguntas le parece tediosa. Comprobé que el laconismo no va con ella. Cerca del final de la entrevista, me enteré por qué: en su forma de aprehender al mundo, no existe mucha diferencia entre dibujar y escribir.

 

Pequeña historia, gran memoria

Numerosos aspectos de la obra de Yasmin parten de la historia de Guatemala, la violenta cotidianidad y lo que le ha tocado vivir. Recordando Aldea Modelo, pequeña historia (1984), que pasó por Xela cuando Ciudad de la Imaginación iniciaba, surgió una pregunta de esas que suenan complicadas: desde tu experiencia ¿De qué manera los proyectos artísticos pueden poner en el mapa temas como la memoria histórica, o mejor dicho, cómo pueden influir en la arbitrariedad de la construcción histórica?

Yasmin: Yo creo que la manera en que empiezas tu pregunta con el “Desde tu experiencia” es muy relevante pues he intentado trabajar a partir del empirismo. Hay mentes que al percibir la realidad observan estructuras, hay mentes versadas que con el lenguaje nos inventan realidades con las palabras específicas, y en mi experiencia procuro una cercanía con la materialidad, con el universo de lo físico, no importando si también ejerzo la desmaterialización, creo que al final siempre estoy lidiando con una manifestación en el plano de la forma.

He, en distintos grados de participación, conectado por medio de mi trabajo ese saber de las manos de otros y las mías, así como el saber de las disciplinas de otros con las mías. El arte es muchas cosas: recurso, método, medio, objeto, producto, sistema, plataforma…

Respeto la ternura que recibo cuando observo el oficio en el trabajo de los otros y creo que es importante sentir eso en la vida. A veces se ve con un vistazo lo que pudo haberle tomado días y semanas a otros. De la misma manera, de ese tipo de desfase es que se constituye nuestra experiencia personal ¿cierto? El tiempo como materia prima, como mercancía o “commodity” en realidad no existe. El trabajo del artista es un pequeño laboratorio que conecta entre sí distintos aspectos de la realidad y los cifra de maneras inesperadas. Uno encuentra lugares para la producción de sentido, incorporando al saber también aquello que se dice con las manos o con los materiales. He, en distintos grados de participación, conectado por medio de mi trabajo ese saber de las manos de otros y las mías, así como el saber de las disciplinas de otros con las mías. El arte es muchas cosas: recurso, método, medio, objeto, producto, sistema, plataforma…

Y entre otras cosas, para Yasmin el arte es un instrumento para  activar la memoria a través de la articulación material de lo que, supuestamente, no es palpable. Por eso las ideas son inseparables de la forma. Seguro le es fácil decirlo porque más allá de cualquier cosa, es dibujante, y quienes dibujan saben esas cosas. La historia es la lectura que cada uno haga de ella. Y si construirla es arbitrario, para Yasmin devorarla fue necesario, especialmente en un país atormentado por el olvido. No darle la espalda, además de un proceso de autoaprendizaje, es un intento por enfrentar cierta dificultad colectiva hacia la afectividad, la comprensión mutua, el relacionamiento y la inteligencia emocional.

Yasmin: Para llegar a lo que me preguntas, de cómo se combina la puesta en marcha de un proceso de memoria histórica en todo esto, hay que reconocer que la memoria no ocurre sino desde nosotros. Los fenómenos del entorno son en ese sentido tanto acerca de nosotros mismos como acerca de los acontecimientos. La historia no es la Historia, sino una materialidad “natural” que resulta de la multiplicidad de lecturas posibles que podemos ejercer. Por eso todo en realidad está impregnado de mito o mitología personal, y llega un momento en que la historia como disciplina asimila su propia dimensión en el ámbito de la ficción. Aquello desbordante de la realidad que nos ha tocado vivir y que es denunciable, no se deja de decir tampoco por que adquiere una dimensión personal, inevitablemente, cuando se exterioriza. Es decir, el pensamiento político no deja de serlo menos porque es consciente de su individualidad. Aquellos que están en una posición de poder han sido los “editores” de la Historia, y aquellos que contrapesan esa historia dominante hacen mucho por la memoria. Una modernidad que no termina de instalarse es posible que tampoco termina de de-construir los grandes relatos pues estos no han llegado a término. Y claro, en la pequeña historia de nuestro país. Aquí hablo de una pequeña historia porque es lamentable que aún hoy hayamos elegido a una figura del autoritarismo militar, y el eslogan de una mano dura para actuar sobre la realidad del país.

 

Auto-reeducación

ahora entiendo mejor a los que me precedieron, porque uno entiende las cosas así, cuando las vive, y a mi generación le tocó vivir eso con distancia, que cada vez se alarga, y qué bueno, porque de eso se trata

 

Yasmin: Para mi tanto el arte como la memoria han sido procesos personales de auto-reeducación. Es sabido que Guatemala vive de espaldas a su historia y me incluyo en esa afirmación. Por eso el arte devino en un instrumento para la memoria. Tampoco es que me sienta del todo de aquí, mi padre nació y creció en el Líbano y mi madre es mitad guatemalteca y mitad nicaragüense, así que provengo de una familia de seno bicultural, como la mayoría de guatemaltecos de hecho lo son, son tzutujiles y ladinos, o ixiles y mexicanos, o quichés y con un padre que vivió todo el tiempo en Los Ángeles, en fin. Lo menciono por varias razones: una es que el libanés es muy consciente de su historia, un poco como el cubano, pues han pasado por mucho y por mucho tiempo, en condiciones que “homogenizan” la situación de crisis y de dolor para todos, y de allí también vienen virtudes humanas que hoy pueden celebrarse, pero que no han surgido espontáneamente, sino a través de mucho tiempo. En Guatemala la guerra ha afirmado las desigualdades, lejos de aplanarlas. Es muy reciente que las personas han iniciado a sentir ese “¡hasta aquí!” que se ha estado viviendo en los últimos meses en las plazas. Empezamos apenas a sobreponernos conversando, compartiendo, manifestando que es una forma de imponer la necesidad de un debate, de acuerparse en torno a distintas ideas y afectos en el orden de lo social. Es emocionante el momento que nos toca vivir y ojalá los guatemaltecos encontremos la forma de relacionarnos a nuestra manera, pero tan afectivamente como el pueblo libanés o el pueblo cubano lo es entre sí. Por ejemplo el libanés da besos a otros hombres para saludarse, incluso los hombres se dicen “mi amor” y “mi vida” en la calle, entre desconocidos. Vaya si esto no sucede en Guatemala. Yo siento como si la fraternidad quedó atrapada en un fósil en los años cincuenta, en un gabinete de curiosidades. Qué rápido se olvida cómo querer al otro en sociedad. Brincamos de una indiferencia y desconfianza a un doble sentido libidinoso, casi sin transición. Estamos en pañales en eso de la inteligencia emocional ¿Y cómo no? Si nos la apagaron. Y no es acerca de los otros, justamente es acerca de nosotros. 

 

Las sombras

Yasmin Hage. Aldea Modelo, Pequeña Historia (1984), 2011
Yasmin Hage. Aldea Modelo, Pequeña Historia (1984), 2011

Aldea Modelo, pequeña historia, 1984 (2011) ha sido un trabajo en proceso que aborda las aldeas modelo, aquella herramienta de control social implementada durante los años ochenta como estrategia de contrainsurgencia por el ejército de Guatemala.  En colaboración con arquitectos, antropólogos y diseñadores, Yasmin desarrolló una investigación inspirada de la maqueta de una aldea modelo localizada en la frontera entre Guatemala y México, fotografías de una aldea situada en Acul, Quiché (1984) y fotomontajes de libros pop-out. Para Yasmin esta fue una manera de deslocalizar las prácticas artísticas de los espacios convencionales; un proceso importante a la hora de reflexionar sobre esa relación indisociable entre forma y contenido, y sobre el ejercicio artístico que se enraíza en la sombras y que por eso no podría reducirse a una exploración con fines puramente estéticos. Tal vez por eso en Guatemala el arte tiende a ser una exhumación.

Yasmin: En los libros pop-up tú los abres y cierras y la metáfora es que eso mismo puedes hacer con la historia. La historia es inquisición personal, le das la espalda o te la comes. Y yo me la comí, en un punto de mi vida me tocó hacerlo, y bueno, uno nunca termina de conectar hechos, de aprender y de hilar una cosa con otra. La maqueta pop-up no es una ilustración de una aldea modelo, la maqueta no es una maqueta. Como Esto no es una pipa del gran pintor Magritte, ¿cierto? La maqueta es una relación con la historia, con el objeto escultórico, con la idea del libro, con la representación. En ella expongo las distopías de los 80s, volverlas a maquetar y dejarlas nuevamente derruirse es parte de la idea de desmaterializarlas también. Como me dijo Rodolfo Arévalo: el proyecto pone de manifiesto la memoria de las sombras. Cada generación tiene un lugar desde donde hablar de la memoria. Yo ahora entiendo mejor a los que me precedieron, porque uno entiende las cosas así, cuando las vive, y a mi generación le tocó vivir eso con distancia, que cada vez se alarga, y qué bueno, porque de eso se trata. Es tan importante tu planteamiento en sí en relación a la memoria histórica como el hecho de plantearlo. Estás contribuyendo a alargar las distancias entre el trauma y la realidad. La generación que viene atrás no podría estar haciendo las obras que hace la de hoy, con todo ese hilarante y maravilloso humor de El Fantasma de la Posguerra de Mario Santizo, o con la sinceridad dolorosa de Helen Ascoli. Lo que importa es que el artista usa su machete y con ello da la idea de que los otros oficios también puedan jugar con sus propias prácticas y extenderlas. Es por esto que deslocalizar el arte de los museos es tan importante. El artificio, la arbitrariedad te golpea, de manera positiva, “te cae un veinte”, porque en la deslocalización la forma es contenido y esta dualidad recupera sus fuerzas. Otras veces esto no se logra, hay una idea que a lo mejor y es buena, pero la forma de la idea cuenta una cosa y la intención cuenta otra.

Yasmin Hage. Aldea Modelo, pequeña historia (1984), 2011. Foto: Ciudad de la Imaginación.
Yasmin Hage. Aldea Modelo, pequeña historia (1984), 2011. Foto: Ciudad de la Imaginación.

 

La muerte del plywood

Le hice la clásica pregunta: en tu trabajo destacan los procesos y los desarrollos a través del tiempo, ya que muchas de tus obras permanecen en crecimiento, cambian, se destruyen, etc. Pero lo peculiar es que esos procesos son visibles, conceptual y literalmente, como en el caso de Madera Bala. ¿Cómo son tus procesos de investigación y desarrollo de ideas?

Yasmin: Sí, es verdad. La ironía es que yo he resistido las “variaciones sobre temas” como cuerpo de trabajo porque se me ha hecho una forma de trabajo orientada hacia la exploración puramente formal y estética, y eso no me interesa. En el tiempo, como dices, he encontrado centros de gravedad sin esperar que lo fueran. El trabajo se vuelve historia de sí mismo. Sin querer, al menos en mi caso, el trabajo se vuelve material para sí mismo. Más que una variación es darle continuidad. También tengo trabajo auto-referencial, pero en el caso de tu pregunta estamos hablando de otra cosa. Creo que justamente hice bien en situar mi interés sobre grandes temas históricos, económicos, sociales cuando tenía una energía vital casi inagotable, pues a más años tengo, más me agota tratar esos temas. Son pesados en uno por supuesto, el seguimiento que le doy hoy es como si ya estuviera contenido en la semilla anterior. No sé si me explico bien.

En el caso de Madera-Bala, inicialmente me interesó la trayectoria de esas balas calibre militar y guerrillero, que marcan nuestro pasado, y literalmente marcan la madera que es el soporte de la pieza. El plywood es un producto que alcanza el espacio doméstico pues todos hemos usado muebles de madera de tablero contrachapado. En las galerías, los plintos hasta hace muy recientemente se hacían con plywood, madera aglomerada o MDF. Digamos que ahora estoy observando más bien la circulación que tiene ese material, cuál es su “vida cotidiana”, y eso me da para seguir pensando en el tema de la madera y las balas, por ejemplo. La madera es materia prima para mobiliario y al usarla para reconfigurar mobiliario en el espacio de la galería, no desligo la intención inicial de exponer el efecto de las balas en nuestro cotidiano, sino que sigo su efecto en la vida social de las cosas y del material. Más recientemente, la crisis mundial de créditos, las hipotecas chatarra y la especulación bursátil de las materias primas me ha dado aún otra dimensión para repensar en el tema de la industria y la manufactura desde un país del tercer mundo y desde el producto específico del plywood, cuyo tiempo de vida está próximo a llegar a término. Esto implica el cierre de fábricas a nivel mundial y en Guatemala, y la reflexión de cómo lo que antes eran “las tablas” sobre las cuales se escenificaba los alcances de la violencia y su incursión en nuestra vida diaria, hoy el escenario – la fábrica- se me convirtió en el objeto de observación. Es como si se moviera un contenedor lleno de cosas de un puerto a otro, y cuando se descarga la mercancía quedan las tarimas de madera abajo: el mundo sigue, y el artista ve las tarimas, aquello que la cultura de consumo descarta, esos espacios / objetos “ociosos” o inútiles en términos económicos y que el arte recupera para reflexionar justamente sobre ello. Además, el plywood fue diseñado por la industria militar para responder de manera ágil en cuestiones de construcción para zonas de desastres naturales o guerras. Es parte de esa genealogía de productos que salen de la industria militar y que luego se instalan en la vida civil. ¿Y cómo no entonces usarlo en las maquetas de la aldea modelo?

 

Ya no quiero

Junto con el antropólogo Alejandro Flores, Yasmin Hage presenta El olvido que no sabe que es olvido en la muestra de Guatemala Después, un proyecto artístico colectivo que se presentó este año en Nueva York y posteriormente en Quetzaltenango. La palabra “trans-disciplinar” ha sonado bastante alrededor de las propuestas,  en el sentido de que muchas de ellas son fruto del diálogo generado entre artistas y personas que provienen de otras prácticas y experiencias. La pieza a simple vista parece la reproducción de una estela maya. Según la cédula, traducido al código de glifos, se encuentra en ella el testimonio de un dentista estadounidense, Ray Elliot, que pasó por el área Ixil en la Guatemala de 1982, durante el conflicto armado. Aquella pieza me hizo pensar que muchas personas en los centros urbanos como la Capital, donde se encuentran los grandes museos de arqueología, fueron de alguna manera ajenos a lo que pasaba en otras zonas del país. Por muchos años, lo que sucedió en el área rural durante los años de la guerra les fue desconocido, tal y como hoy desconocemos el pasado más remoto de Guatemala, el cual se descubre poco a poco gracias al trabajo de los arqueólogos. Una masacre en este contexto nos llegó a parecer tan lejana e intraducible como las gestas de un gobernante maya que manda a su escriba a tallar en piedra sus proezas o una cuenta larga. De algún modo, nos invitaba a hacer una arqueología de los sucesos recientes de nuestra historia que han sido enterrados en el olvido. Tuve que preguntarle cuál había sido el proceso y cómo se configuró esta pieza, además de las experiencias que se había llevado al  trabajar en conjunto con Alejandro Flores y con la colaboración del arqueólogo y epigrafista Camilo Luin.

Yasmin Hage, Alejandro Flores. El olvido que no sabe que es olvido. 2015. Galería SJDC, Nueva York.
Yasmin Hage, Alejandro Flores. El olvido que no sabe que es olvido. 2015. Galería SJDC, Nueva York.

Yasmin: Fue producto de los lazos de amistad: una amiga antropóloga nos presenta con Alejandro, básicamente porque ambos hemos trabajado el tema de las aldeas modelo. Alejandro está interesado en el recurso del arte y sé que busca incorporarlo como herramienta de investigación y como fin en sí mismo para proyectos fotográficos específicos que desarrolla en estos momentos.

Yo dibujé-escribí, y debo de decir que poner esas dos palabras juntas, nada más que eso, fue emocionante para mí, pues me gusta estar justamente entre esas dos formas de aprender el mundo.

Así fue como mi trabajo formó parte de su investigación de campo y su investigación de campo formó parte de mi profundización en el tema. Alejandro es una persona muy leída, su tesis doctoral establece vínculos entre el diseño de las aldeas modelo y los condominios altamente secularizados de la sociedad contemporánea guatemalteca. El urbanismo privado –¡vaya contradicción de términos!- la arquitectura de los espacios privados/públicos orientados a reeducar a la población (sobre todo en su inicio rural, pero ahora también urbana), orientada a reeducar la forma en que las personas se mueven en el espacio para llegar a establecer quiénes son excluidos, ordenando los afectos desde el diseño de los espacios. Ha sido sin duda alguna la colaboración más interesante en términos de autoría de obra y la menos esforzada. Las cosas fluyeron súper rico. Así fue como de nuestra conversación inicial, naturalmente acerca de las aldeas modelo, partimos para trabajar en una propuesta para Guatemala Después.

En el caso de la maqueta in situAldea modelo, pequeña historia, 1984 donde los materiales fueron todos tomados de la selva (hoja de guano, ramas, etc.), hoy en día han desaparecido completamente. Lo único que permanece en pie son los textos de la señalética para el recorrido guiado del “parque temático de guerra”, que fue una arista que tuvo el proyecto in situ y que no se percibe tanto en la presentación de sala. Los textos fueron impresos sobre láminas de PVC, montadas sobre bases de cemento, por lo que sobrevivieron a las pequeñas casas de la maqueta. A mí se me hizo que eran como estelas en el sentido de su función: monolitos de texto que sobreviven a la historia (sin ellos no habría historia, más bien).

Y así una cosa llevó a la otra…

Yasmin: Y terminamos por hacer proyecto de impresión escultórica, algo bastante sencillo, imprimimos una “piedra” que puedes poner en tu mano, en una impresora 3D básicamente. Trabajamos con textos que Alejandro tenía y que informan su tesis, que provienen de las revistas que publicaba el ejército de Guatemala en los años 80 y unos informes publicados por la Iglesia Evangélica, de un misionero estadounidense, llamado Ray Elliot. Anabella Acevedo nos presentó a Daniel Aquino, director del Museo Nacional de Arqueología y Etnología, quien amablemente nos compartió un escáner 3D donado por una universidad de la Florida, de un pequeño fragmento de una estela rota de Kaminal Juyú, la antigua ciudad que subyace a la ciudad de Guatemala.

Yasmin Hage, Alejandro Flores. El olvido que no sabe que es olvido. 2015. Foto: Ciudad de la Imaginación.
Yasmin Hage, Alejandro Flores. El olvido que no sabe que es olvido. 2015. Foto: Ciudad de la Imaginación.

Este nos sirvió de cuerpo, al que le grabamos nuevas inscripciones sobre las caras producto del accidente de la rotura de la estela, en antiguo maya ch’orti’. Las traducciones que conseguimos trabajar no son textos que se mantienen exactamente fieles al texto de origen. Es muy difícil traducir de una lengua viva a una lengua muerta y un código distinto, por un lado, y que además aún no ha terminado de ser descifrada y cuyo vocabulario es particular a la redacción de crónicas relacionadas al poder, a la guerra, la astronomía, la cuenta del tiempo, por ejemplo.

Intentamos recuperar al menos el sentido del fragmento de Ray Elliot que nos interesaba trabajar, y que exponemos en la galería como parte de la obra, en castellano y en inglés (su idioma natal). Nos interesaba que fuera la voz de un estadounidense que quedara grabada sobre la piedra pues Guatemala Después tenía una fecha programada en la galería Sheila Johnson de The New School en Nueva York.

Hablamos con Camilo Luin, el epigrafista (empírico) y arqueólogo del Museo Popol Vuh de la Universidad Francisco Marroquín, quien casualmente estaba iniciando una clase para principiantes de epigrafía, que nos sirvió para lograr la traducción. Camilo nos ayudó mucho, nos releyó varias veces, nos corrigió, en fin, nos acompañó hasta cierto punto… Nos dejó hacer nuestra tarea y luego nos la troceaba toda. Mi papel fue divertido en todo esto. Al ser yo dibujante además de artista visual, mi papel en el proceso de redacción era un poco como el papel de un taquígrafo, de un levantador de texto, y de un artista en el sentido pre-colonial del término, es decir, un escribano artista. Siendo los pictogramas entre textos e imágenes, y siendo la transcriptora-intérprete para el diseño de los logogramas yo, me sentí un poco como un músico que lee textos musicales antiguos, escritos por otros, a la vez que le agregaba algo que no está contenido en el texto a la ejecución de la composición final. Me sentí como un médium. Yo dibujé-escribí, y debo de decir que poner esas dos palabras juntas, nada más que eso, fue emocionante para mí, pues me gusta estar justamente entre esas dos formas de aprender el mundo.

Por último, a la fecha hemos impreso tres piedras, la última dice “ya no quiero”. Ese texto proviene del libro de Diego de Landa, en él están algunas de las letras-fonemas que ayudaron a Yuri Knosorov al desciframiento de la escritura maya antigua.

El “ya no quiero” es un texto que escribe el escribano indígena de Diego de Landa, y se asume que es una expresión personal, más allá de lo que el monje le pedía que escribiera. Es un acto de rebeldía inscrito en la historia y que nos pareció significativo incorporar a nuestro proyecto de impresiones escultóricas. A lo mejor Camilo Luin se siente un poco identificado con ese “ya no quiero”, en todo caso yo se lo dedico a él.