GUATEMALA DESPUÉS, LA MEMORIA SIN TIEMPO. CONVERSACIÓN CON RADHIKA SUBRAMANIAM

En su visita a Quetzaltenango, Guatemala, conversamos con Radhika Subramaniam, académica de The New School y directora y curadora jefe de The Sheila C. Jonhson Design Center (SJDC) de Nueva York, cuya galería albergó la exposición del proyectoGuatemala Después durante su paso por esa ciudad.

Radhika Subramaniam. Foto: Ciudad de la Imaginación
Radhika Subramaniam. Foto: Ciudad de la Imaginación

“El pasado está siempre delante de mi” dice el artista guatemalteco Benvenuto Chavajay. Desde esta sentencia sobre el tiempo y la historia parten muchas de las reflexiones situadas en el contexto de la exposición Guatemala Después, inaugurada en Quetzaltenango, Guatemala, el pasado 6 de junio luego de su paso por Nueva York en abril. Guatemala Después es la traducción expositiva de un proyecto colaborativo desarrollado por Ciudad de la Imaginación y The New School con el objetivo de apoyar diez investigaciones artísticas que reflejan y activan las maneras en que se ha transformado la vivencia de fenómenos como la memoria histórica, la diáspora y las formas de sanación en Guatemala.

En su visita al país, Pablo José Ramírez, parte del equipo curatorial de Guatemala Después, conversó con Radhika Subramaniam, académica de The New School y directora y curadora jefe de The Sheila C. Jonhson Design Center (SJDC), cuya galería albergó la exposición durante su pasó por Nueva York.

Además de catedrática de historia del arte y el diseño, Radhika Subramaniam se ha desempeñado como investigadora en temas como las culturas de catástrofe y la modernidad urbana en Asia del Sur y Estados Unidos. Sus prácticas curatoriales se han enfocado en los diálogos multidisciplinares del arte, la cultura y los fenómenos sociales, trabajando en diversos programas públicos desde los años noventa.

¿Cómo es que este tipo de proyectos artísticos puede contribuir a repensar el presente? ¿Qué significa ser transdisciplinar? ¿Cómo se piensa un proyecto sobre la memoria más allá de los discursos tradicionales? ¿Ha sido un diálogo horizontal entre Guatemala y Estados Unidos?, son algunos de los reflexiones involucrados en esta conversación.

 

Actualmente eres directora y curadora jefe en SJDC y has sido también la directora de otros programas culturales, artísticos y pedagógicos. Desde tu trayectoria como académica de The New School y curadora, ¿podrías decirnos de qué manera proyectos artísticos como Guatemala Despuéspueden contribuir a formular y repensar nuevas sociedades, más críticas y justas?

Cuando la cultura crea un contexto en el cual un público es invitado a una conversación que es urgente para todos, una de las cosas que pienso que un proyecto como Guatemala Después puede hacer es tender un puente entre lo que me parece es un mecanismo artificial entre arte y cultura, en una mano, y de temas políticos y sociales en la otra. Esto comienza a hacer posible que personas diferentes conversen juntas acerca de cosas que nos conciernen a todos. Así que Guatemala Despuésy el tipo de trabajo que ha sido realizado, particularmente en la forma en la que los curadores reunieron no sólo a artistas, sino también a pensadores sociales, sociólogos, antropólogos y más, en una conversación colaborativa, me parece uno de los más poderosos esfuerzos. Y en estas dos ediciones, una en Nueva York y la otra en Xela (Quetzaltenango), hizo posible dos diferentes formas de diálogos: en Nueva York en la SJDC donde soy directora, ha abierto una conversación acerca de Latinoamérica y en particular de Guatemala en conexión con Estados Unidos. No solo una conversación histórica sobre la intervención de Estados Unidos en Latinoamérica, que data desde hace  muchos años y continúa, sino que también se enfocó alrededor de la inmigración. Esto encamina un diálogo dentro del contexto de institución cultural, haciendo posible a estudiantes, a la facultad y a públicos acceder a otra clase de información que no solo está en la exhibición. Así que se convierte en un gran proyecto que va más allá de una exhibición.

Este es para mí uno de los posibles poderes del arte, porque el arte puede hablar a través de los registros, puede hablar a través de diferentes conversaciones.  No tienes que saber acerca de historia del arte, solo debes estar comprometido con algo.

Y desde esta exhibición pero también desde tu experiencia como curadora,  significó pensar que un proyecto necesita ser concebido más allá de un objeto artístico, tener un discurso cultural diferente que es más amplio que el campo del arte…

Sí, creo que el arte es un campo de la cultura, una escena pequeña de la cultura. Yo vengo de la antropología, estoy interesada en las formas en las que la cultura cotidiana es cada vez más deliberadamente creada. También estoy interesada en las formas en que cualquier proyecto puede tener múltiples plataformas, diferentes formas de dirigirse a la gente, no para hacer una especie de desahogo y no para hacer de esta un mínimo común denominador; sino para conducir la conversación a niveles más elevados de rigor. Eso es muy inclusivo en la manera en que la cultura aviva a la población. Este es para mí uno de los posibles poderes del arte, porque el arte puede hablar a través de los registros, puede hablar a través de diferentes conversaciones.  No tienes que saber acerca de historia del arte, solo debes estar comprometido con algo. Así que esa elegibilidad de un curador en un proyecto artístico para conducirse a sí mismo a través de dichas plataformas es un potencial emocionante en términos de cómo el arte puede existir como parte del dominio público.

Guatemala Después fue exhibido en Nueva York y ahora está en Xela. ¿Puede decirnos cómo surgió esta relación con Guatemala? ¿Y qué experiencias has tenido al realizar este encuentro que pone en un diálogo horizontal a Estados Unidos y Guatemala?

El proyecto surge para nosotros en The New School a través del trabajo de Nitin Sawhney, quien es colega mío y profesor de comunicación.  Este proyecto ha sido su trabajo en curso y surge de las colaboraciones con artistas, curadores y performers que ha llevado a cabo en Xela. Este fue en esencia el origen del proyecto.

A través de Nitin comencé a conocer a la gente de Ciudad de la Imaginación y estudié un poco más por mi parte sobre la escena artística de Guatemala. Creo que la relación no es inherentemente horizontal, y eso es uno de los desafíos más importantes. Creo que tales interacciones son para mantener un tipo de solidaridad de alianzas que suceden a través de personas individuales, porque la relación de Estados Unidos y Guatemala no ha sido horizontal. La relación de Nueva York con otros lugares alrededor del mundo es también desequilibrada. Así que las formas en que personas individuales pueden alterar estas relaciones jerárquicas de poder son muy importantes. Pienso que encuentros lentos, cara a cara, duraderos y sostenibles con el tiempo son clave. Tú desarrollas entre la gente un sentido de confianza y verdad, y eso no sucede de la noche a la mañana solo porque Ciudad de la Imaginación y The New School colaboren. Eso no cambia nada. Es la interacción sostenida de todos nosotros la que puede hacer un cambio con el tiempo.

Vista de la exposición en SJDC, Nueva York. Foto: The New School.
Vista de la exposición en SJDC, Nueva York. Foto: The New School.

Recuerdo el foro en el que estuvimos antes de la inauguración de la muestra en Nueva York. Regina José Galindo habló acerca de la incomprensión acerca de lo que significa para un artista de Latinoamérica exhibir en esa ciudad. Guatemala Despuéssabemos que no solo es acerca de eso. Pero ¿qué piensas que significa dentro del sistema del arte y más allá del mismo proponer esta clase de circulación?, ¿Crees que en el sistema internacional del arte Guatemala Después propone algo diferente?

Pienso: ¿la razón de ser de Guatemala Despuéses esa? Obviamente cada esfuerzo e interacción tuvo algunos desafíos y batallas. Estaba en el panel con Regina, y yo estaba haciendo esta pregunta, pero no para decir que Nueva York es el centro del mundo, sino más bien para decir que de hecho hay espacios que existen en relación de poder que son muy diferentes, lo que significa tratar de crear una manera diferente de conversación; pero tú cuentas que tienes que comprometerte con esa comprensión de las diferencias de poder, sin pretender que ellas sigan. Y en realidad dije, ¿qué pasa cuando nos comprometemos en diferentes formas de conversación dentro de las diferencias que son globales? No solo es acerca del mundo del arte, es acerca de diferencias globales de poder.

Pienso que es un pequeño esfuerzo, pero lo más valioso es que ha sido en una universidad. Las universidades tienen muchos fallos y en estos días se han vuelto muy corporativas. Pero una cosa que las universidades pueden hacer es apoyar ideas a través del tiempo. Esto es algo importante que debe continuar, así que esta primera proposición de Guatemala Después, aquí en Xela o en The New School, puede abrir otro tipo de eventos no bilaterales; no se trata solo de Estados Unidos y Guatemala, sino que esto comienza por poner a Estados Unidos en diferentes circulaciones, sabiendo que es solo uno entre otros lugares, uno en diferentes conversaciones. Yo pienso que es una gran posibilidad, una gran promesa.

 

Es importante mantener visible el hecho de que muchas cosas están sin resolver y que cada una de esas faltas de resolución provee nuevas aperturas para otras conversaciones. No es esconder y decir que todo se ve hermoso, es de hecho hacerlo ver un poco perturbador, y esa es realmente la clave.

Fuiste la fundadora y directora ejecutiva del periódico interdisciplinar de arteConnect. Hablando acerca de la relevancia de las prácticas interdisciplinarias en el arte contemporáneo, y cómo esto permite a públicos, artistas y personas en general crear nuevas formas de comprensión, a la hora de proponer esta clase de proyectos de arte, siento que uno de los desafíos es el enfoque curatorial y museográfico, el cual no debe ser usado solo para justificar una exhibición porque nosotros “somos transdisciplinares”, lo cual siempre se ve muy cool ¿Cómo piensas eso?

Tanto cuando comencé Connect y después en otros proyectos que he realizado desde las humanidades y las ciencias sociales, siempre sentí e incluso ahora, que soy docente, que en las terminologías de lo transdisciplinar y lo interdisciplinar se tiene mucha confusión, en vocabulario, en formas de trabajo, en metodología. No estamos hablando el mismo lenguaje. Nos situamos en el contexto post o transdisciplinar, pero estamos hablando de otras cosas. ¿Cómo saltar a eso rápidamente? Estás entrando a un tipo de preocupación de temas contemporáneos, temas políticos, temas ambientales. Necesitamos estar más allá de los enfoques disciplinarios estrechos.  Los problemas son tan grandes que si no nos hablamos unos a otros, estos se agravan.

Tienes que pensar cuidadosamente tu pregunta acerca del diseño de una exhibición. Considero que el diseño de proyectos debe tomar en cuenta la dificultad de que no somos solo transdisciplinarios, aún estamos luchando con las preguntas interdisciplinarias. Y eso crea sus propias tensiones sobre cómo se debe descifrar un proyecto de exhibición, como una forma de proyecto de instalación o como la variedad de plataformas físicas, digitales, etc. Es necesario ver cómo serán manejados para acomodar todas las diferencias pero no ignorándolas.

Es importante mantener visible el hecho de que muchas cosas están sin resolver y que cada una de esas faltas de resolución provee nuevas aperturas para otras conversaciones. No es esconder y decir que todo se ve hermoso, es de hecho hacerlo ver un poco perturbador, y esa es realmente la clave.

¿Y qué piensas si llevamos este debate al proyecto Guatemala Después?

Obviamente estoy un paso afuera del equipo curatorial, pero creo que uno de las cosas maravillosas de Guatemala Despuéses poner a artistas, académicos y profesionales a conversar desde sus propios campos. La otra cosa que no estoy segura que nos tomáramos en serio son los vocabularios y las formas de trabajo de esos otros campos que no son disciplinas artísticas, los cuales también tienen sus metodologías. ¿Cómo trasladas esas metodologías? ¿Acaso intentamos reproducirlas de cierta manera en una exhibición, cuando de hecho existen ya…?

Hay un gran desafío al tomar una perspectiva antropológica o histórica y decidir reproducirla en algo especial. El arte en sí mismo es un espacio estupendo e imaginativo, pero ¿hicimos eso? No estoy segura. Un proyecto no puede hacer todo pero estaría en una dirección que yo exploraría más adelante o que alentaría a otros para explorarla.

Tus intereses de investigación han estado en la modernidad urbana y la cultura de las catástrofes en Asia del Sur. ¿Puedes contarnos un poco acerca de tu experiencia y si encuentras semejanzas con el presente de Guatemala a través de este proyecto?

En mi trabajo he tenido mucho interés en lo que pasa a las ciudades en diferentes momentos de crisis. Mi primer trabajo fue en Bombay después de los disturbios de 1993. Este hecho cambió mucho el carácter de la ciudad, la lógica de las historias políticas, las historias individuales, pero también cambió la forma en que la ciudad era vista y las formas en que los habitantes se veían a sí mismos. Yo estaba interesada entonces en las maneras en que las personas narran su sentido de pertenencia y el sentido de interacción con la vida cotidiana de la ciudad que ha pasado por una gran ruptura. Ese era mi enfoque y pensamiento alrededor y sobre la modernidad en Asia del Sur y particularmente alrededor de lo que pasa en ese tipo de culturas post catastróficas. Lo pensaba como “cultura de catástrofe” porque creo que las catástrofes no son eventos, son tales en el sentido en que las hacemos eventos, incluso si es un huracán, nosotros hacemos como si no hubiese sucedido antes y se eleva a una dimensión sobresaliente. Te das cuenta que es más un contexto social y fenomenológico en el que las formas de crisis comienzan a mutar a nuevas formas de significado. Viví por muchos años en Nueva York antes de ahora. Yo estaba en la ciudad antes y después de 2001. Eso me permitió comprender de otra manera cómo otra ciudad (no Bombay, de donde soy, sino Nueva York, donde resido) comenzaba a transformarse a sí misma, así que el trabajo que hice después de 2001 durante  cuatro o cinco años fue un proyecto largo acerca del arte de las ciudades en recuperación. Investigué sobre el rol del arte y la cultura después de una catástrofe. Cómo llegas a acuerdos, cómo el arte y la cultura pueden comenzar a entrar en la vida diaria y cómo las personas crean sentidos de sus vidas en un contexto post catastrófico. En 2001 Nueva York no fue solo la ciudad base de una catástrofe, fue la que hizo que Estados Unidos reaccionara ante el mundo, lo cual cambió su forma de hacer políticas globales.

También sentí que era gracioso que Nueva York se hubiese convertido en una ciudad americana muy parroquial y que Estados Unidos tristemente la creyera como tal, de americanos; pero Nueva York siempre ha formado parte del mundo. Este proyecto fue como decir “regresen Nueva York al mundo”, invitando a personas de diferentes lugares alrededor del globo, algunas de Belfast, de Bombay, de Johannesburgo, Beirut… que  habían estado pensando acerca de guerras civiles, catástrofes ecológicas, crisis en sus propios contextos y que estaban usando los mecanismos del arte y la cultura para ayudar a propiciar la paz o para crear alianzas de solidaridad. El plan fue traerlos a Nueva York, porque esta ciudad tiene mucho que aprender del resto del mundo. Yo creo que proyectos como ese y como Guatemala Después tienen la habilidad de permitir diálogos. Por otro lado, creo que es muy fácil el riesgo de tomarlos dentro de cierto tipo de proyecto de memoria. El truco es darse cuenta que la gente está trabajando en el presente y pensando acerca del futuro, que el futuro siempre contiene al pasado, como el pasado contiene siempre al futuro.

Eso lo estamos trabajamos ahora con algunos estudiantes en un proyecto enfocado en Camboya, país que al igual que Guatemala tiene en un sentido histórico una historia de genocidio, y los estudiantes están pensando acerca del futurismo del Khmer Rouge . Ellos también tuvieron un proyecto utópico, un proyecto muy diabólico, pero que fue utópico. Así que encuentras esa tensión entre “si lo recuerdas, no lo repetirás”: esta es la retórica de los estudios de la memoria. Sin embargo, estoy más interesada en el hecho de que cada momento, el presente, contiene al pasado y al futuro, así como el futuro contiene al pasado y a todos los tiempos, y el pasado también contiene al futuro, no solo al presente como futuro sino a todos los futuros imaginables. Y necesitamos mantener esta emoción para comprender qué es posible, cómo podríamos hacer algo diferente, cómo podemos tener nuevas formas de imaginación. Estos son los temas que considero posibles en proyectos como este: imaginar en grande, aunque posiblemente no lo consigas; pero tienes que imaginar grande, y debes imaginar tanto en grandes espacios y lapsos, como en una escala muy granular, pequeña, de formas para relacionarnos…

Vista de la exposición en Ciudad de la Imaginación Quetzaltenango. Foto: Ciudad de la Imaginación
Vista de la exposición en Ciudad de la Imaginación Quetzaltenango. Foto: Ciudad de la Imaginación

Hay una forma de retórica de la modernidad que nos quisiera ver hablando sobre el tiempo de cierta manera. Estamos intentando hablar acerca del tiempo de otras formas, como lo que Benvenuto Chavajay dice: el pasado, el presente y el futuro entran en la misma discusión; porque además existe un riesgo para los proyectos de memoria: ser secuestrados  por los discursos que la utilizan para intereses específicos. Siempre hay micropolíticas, microhistorias que están siendo parte de esas grandes narrativas, como la de la Guatemala de posguerra, microhistorias que han estado allí pero nunca fueron rescatadas…

Estoy de acuerdo con que los proyectos de memoria poseen la peligrosa posibilidad de ser inyectados de un género muy conservador y eso no tiene que ser así, pero es una dificultad. Estoy también muy consciente acerca de que hay cierto tipo de proyectos que creen (y es allí donde el punto de Benvenuto es tan poderoso) dar voz a alguien, porque se cree que tú puedes “dar voz”, pero en realidad no estamos en esa posición de dar o abrir. El desafío de Benvenuto es en esencia una sentencia y un reto al mundo: de que hay un lugar para las voces, hay un lugar para el silencio y hay un lugar para escuchar. Los proyectos de memoria frecuentemente se vuelven proyectos ruidosos. Debemos pensar como la poesía: hay un espacio para la palabra y luego hay solo espacio, y debes permitir ese silencio, permitir ciertas formas de comprensión que son tan condensadas que tenemos que pensar durante largo tiempo su significado. Y de esa forma un poema de 1852 o un poema del 2002 pueden todavía mantenerte pensando. Y esto es lo que hacen los artistas, un proyecto es tan comprimido que tiene diferentes posibilidades de significado y te deja pensando. En ese sentido destruyen al tiempo lineal, porque algo puede estar en el presente incluso si fue realizado en 2000 antes de Cristo. Esto existe en el presente, pero con diferentes energías y compromisos.

Benvenuto Chavajay. Echar cal. Foto: Ciudad de la Imaginación
Benvenuto Chavajay. Echar cal. Foto: Ciudad de la Imaginación

¿Qué cosas, relaciones, proyectos, planes te gustaría imaginar después deGuatemala Despuésy la amistad que tienes con Guatemala?

Esa es una gran pregunta. Siento que me gustaría continuar las conversaciones que hemos comenzado y visto aquí. Hay mucho qué decir al otro, hay mucho que escuchar del otro. No puedo decir que tengo una idea o proyecto porque creo que esto debe ser consensuado y hay que producir sentidos juntos. Sería grandioso encontrar las vías en las que uno puede forjar nuevos vocabularios. Estoy muy interesada en la idea de cómo encontrar formas de hablar que con el tiempo cambian, o sobre las cosas interrumpidas que creemos comprender, o las maneras en que las personas piensan que utilizan palabras cuyo significado creemos saber, incluso en el contexto del compromiso artístico: “Compromiso” es una, el “compromiso” en una pregunta, “colaboración” es una pregunta. Yo no creo que sepa lo que significan estas cosas, creo que estas son creadas en este “diálogo”, el cual tampoco sé qué significa.  Me gustaría continuar hablando, me gustaría mantener esta conversación con gente que está en Ciudad de la imaginación y gente en The New School, pero también en una manera más tosca, individual, como las conversaciones individuales que se han tenido aquí y que han sido formas de abrir mi pensamiento. Y me gustaría continuar pensando algunos de los proyectos que están aquí. Estoy sentada en frente de una obra de Benvenuto Chavajay que no había visto antes: Echar cal, y me maravillan los tantos significados que contiene.  He estado pensando mucho acerca de esto desde la apertura el sábado, cuando se hicieron visibles estas cuestiones… Te preguntas: ¿cómo se cubre la mierda? Es algo muy poderoso.