ALGUNAS ANOTACIONES QUE VINCULAN LAS VANGUARDIAS AL ARTE CONTEMPORÁNEO – Silvia Herrera

POR SILVIA HERRERA UBICO

A partir de continuidades y oposiciones, en el arte se evidencia el vínculo de lo que se ha hecho desde hace más de un siglo y lo que se hace en la actualidad, especialmente cuando comprendemos que muchas de las características de las vanguardias están  presentes en las prácticas de artistas contemporáneos, paralelo a los avances en la comunicación y la experimentación constante, así como la riqueza conceptual y el carácter local de muchas propuestas.

 

Al tratar de establecer una genealogía que vincule el arte de hace más de un siglo con el actual se asoman algunos aspectos atávicos o recesivos aún presentes en nuestros días.  Por continuidad o por oposición, la naturaleza eruptiva, rápida y cambiante de las vanguardias sigue inscrita en el modo de hacer de muchos artistas actuales.  Pero no es sólo éste el rasgo que reaparece, hay más y estas reflexiones se proponen acotarlos.

Los rasgos distintivos de las vanguardias, particularmente de las vanguardias históricas cuyo carácter de choque o ruptura con respecto de las instituciones tradicionales –la academia y los salones-, fueron descritos en los manifiestos del cubismo, futurismo, dadá y surrealismo, entre otros, han quedado hoy un tanto distantes e incluso olvidados.

Las vanguardias pertenecen a la modernidad, pero a mi modo de ver esquivan esa apariencia monolítica y unitaria con que esa etapa de la cultura y de la historia es habitualmente abordada desde la mirada postmoderna.  La ideología vanguardista del progreso, que buscaba destruir los símbolos retardatarios de la academia o de la institucionalidad, liquidando toda atadura con el pasado -emancipándose- llegó a agotar la visión histórica del arte que hoy en día parece superada (Danto). Lo contemporáneo sirve en bandeja el fracaso de las racionalidades uniformes que ya empezaban a atomizarse en las vanguardias.

Las vanguardias –los ismos- son plurales, polifónicas, discontinuas e inconclusas; por eso, a su manera, preludian lo contemporáneo.  El carácter discontinuo y superpuesto de los procesos de los movimientos artísticos de las tres cuartas partes del siglo XX refutó la tendencia a la simplificación de la lectura de “continuidad” histórica y rompió con el afán de consignar bajo un mismo techo a esa, de por sí, plural modernidad.

La dinámica del enfrentamiento, la visualización de “un enemigo” al qué oponerse, la perspectiva de la autoexclusión que enarbolaba una fuerza de choque, reflejó el estatuto fundacional de cada uno de los “ismos” del inicio del siglo XX con un paradigma militar.  En clara oposición a la tradición, a las entidades que representaban todo tipo de autoridad, las vanguardias históricas son hoy, efectivamente, historia y antecedente del arte contemporáneo.

El carácter de ruptura se desarrolló en relación a contenidos revolucionarios en la política, la técnica y el arte, el cual dejó de ser una esfera al margen de la realidad social, adoptó un protagonismo incisivo con carácter de altavoz y agente de cambio y asumió funciones histórico-sociales asociadas al creciente poder de la imagen.   En aquella época, el papel de los nuevos medios de comunicación -cine, radio, televisión, publicidad- fue insoslayable y también ejerció un poder de retroalimentación en las producciones artísticas y la cultura.  Dicho papel sigue vigente y su presencia se ha agudizado por el ciberespacio y el avasallador poder que la imagen ha alcanzado en nuestros días.

Además, la rúbrica general que agrupó a las corrientes del cubismo, el expresionismo, el futurismo, el neoplasticismo, el purismo o el constructivismo, en una comunidad de intereses culturales fue la creación de nuevos lenguajes visuales.  De las vanguardias, nos quedan los manifiestos como los documentos donde la renovación estilística, la intuición teórica, el espíritu revolucionario, la radicalidad y originalidad, aparecen con toda su fuerza.

El trabajo crítico y “de-constructivo”, negativo, de aquellas generaciones se acompañó siempre de una tremenda productividad, de una experimentación constructiva y renovadora que alcanzó todos los ámbitos de la sociedad.  Este aspecto diverge del panorama contemporáneo donde la novedad ha dejado de ser la meta perseguida, pues la cita, la apropiación y el reciclaje son elementos que sirven para navegar hacia atrás en el tiempo y recrear estilos pasados, diluirlos con otros y cuestionar la importancia de la novedad.

Sabemos que un buen segmento del arte moderno estuvo motivado por la revolución social y el sentido utópico y anticipador de una nueva realidad cultural.  Es cierto que a la cultura actual le queda poco de utopía y ha sido descrita como una distopía por su carácter apocalíptico; sin embargo, la preocupación de los artistas actuales por elaborar una meticulosa teoría que permita una toma de conciencia y de postura es un rasgo que se conserva de la naturaleza programática de las vanguardias.

La necesidad de indagar la manera de hablar sobre el arte, la investigación del discurso o teorías artísticas es una herencia de las vanguardias que también se ha ido perpetuando gracias a un legado más: la riqueza conceptual de los objetos artísticos del último tercio del siglo XX.  Riqueza conceptual en la que el arte actual abunda con la variedad de sus modos de constitución o producción, con toda una pluralidad de significados y con polivalentes variantes al ser incluidos en contextos diferentes.

Además, el irse articulando del arte contemporáneo cada vez más como reflexión de sí mismo sobre sí quedó incoado desde el gesto crítico y profético del ready made dadá.  Esa genealogía obliga a registrar el hecho de que, en muchos de los actuales productos artísticos, el proyecto operativo que en ellos se expresa, la “idea” de un modo de formar que realizan en concreto, resulta siempre más importante que el objeto formado. Queda así opacado el valor estético frente al valor teórico, lo programático priva sobre la cosa diseñada.

Además, el haber reforzado la lógica interna de cada práctica artística –cada vanguardia- reforzó la autorreferencialidad con que muchos artistas contemporáneos enfrentan y abordan su tarea.  El actual e irreductible pluralismo de los juegos de lenguaje que acentúan el carácter local de todo discurso y donde ya no existe un lenguaje general, sino multiplicidad de discursos y narraciones se me antoja como una lógica extraída de los ismos.

Por otra parte, el llamado vanguardista a vivir el arte como fusión integral entre estética y cotidianeidad, implicó reconciliar arte y vida en un todo sin divisiones. El desmontaje del cuadro y del rito contemplativo de la pintura como flagrante oposición a la tradición y la anulación del aura de la obra como realidad única e irrepetible (Benjamin) para asumir la reinserción social de la imagen en el contexto social y reproductivo de la visualidad de masas, posiblemente se le deba a las segundas vanguardias y al particular espíritu pop de algunas de ellas; también a los happenings, al Body Art y al Land Art con su compulsión por el efecto inmediato y la anulación de la distancia entre espectador y acontecimiento.

Además, la transgresión de los géneros discursivos mediante obras que combinaban -y combinan- varios lenguajes o signos (el texto, la imagen, el gesto) y que rebasan especificidades propias de técnicas y de formato, mezclando -transdisciplinariamente- el cine y la literatura, el arte visual y la sociología, la estética y la política ya aparecían comocollages y assemblages en más de una vanguardia.

Al cabo de los años hemos visto que aquella intrépida ruptura del arte de hace más de un siglo se ha asumido y convertido hoy en una convención más. La desviación se volvió un camino transitable y asumible por todos.  Lo que en su momento pudieron ser estrategias conspirativas -maniobras insurrectas- ha sido asimilada ya a una “nueva tradición”, a la tradición artística de la contemporaneidad. Desde los medios de comunicación de masas y las instituciones de cultura, públicas o privadas, el horizonte estético de la vanguardia se transmite ya como “los clásicos” para los artistas actuales. Se ha neutralizado su irreverencia y domesticado su exabrupto.  Todo ello es signo de inclusión y de referencia.

Con todo, el arte de la post modernidad o de la trans-vanguardia contribuyó a formar el complejo mar de lo contemporáneo, y sigue siendo una forma compleja de conciencia, de percepción y de conocimiento que conlleva riqueza, extrañeza, análisis, complejidad y autocrítica. A pesar de los vaivenes históricos y a-históricos el arte es el último bastión de la verdadera expresión personal.

Anexo:

Desde la memoria y con la imaginación, podemos analizar que las propuestas de los siguientes artistas de Centroamérica explicitan entrecruzamientos que enfatizan los rostros cambiantes de una tradición vigente. Con las mudanzas de estilos, combinaciones de distintas técnicas y reelaboraciones de los lenguajes del arte del siglo XX, estos artistas testimonian el aire de un tiempo difícil de captar, definir y delimitar, aunque plenamente vigente en la cultura contemporánea:

Antonio Pichillá – Ellsworth Kelly

He encontrado en el binomio Antonio Pichilla (Guatemala, 1982) – Ellsworth Kelly (Nueva York, 1923) una relación territorial del color y la forma.  Pichillá con una carga guatemalteca de entrecruzamientos de zonas cromáticas que revelan una visión muy esquematizada de candelas y ofrendas tiene algo en común con Kelly, quien, a su vez, trabajóla forma para encontrar una relación definitiva con el espacio que la rodeaba para intensificar su autonomía y fuerza.

 

Esvin Alarcón – Donald Judd

Esvin Alarcón (Guatemala, 1988) rindió recientemente un homenaje a Donald Judd (1928-1994) desde la perspectiva del objeto encontrado y modificado.  La carga visual y conceptual de la chatarra enfatiza el tercermundismo, lo aleatorio y el impacto que las formas adivinadas en cementerios de desechos adquieren una vez rescatadas de su entorno.

 

Legan Rooster – Raoul Hausmann

Legan Rooster (Honduras, 1985) artista visual que oscila entre la pintura y lo gráfico, lo gestual y lo experimental, retoma el lenguaje del dadaísta Raoul Hausmann (Austria, 1886-1971) para configurar, con retazos extraídos de mundos visuales y nostálgicos, un rostro mordaz y cuestionador de la sociedad de consumo.

 

Luis González Palma – José Manuel Mayorga – George Grosz

Persiguiendo conceptos distintos, pero con soluciones similares, Luis González Palma(Guatemala, 1956) en la serie Mobius (2014) y José Manuel Mayorga (Guatemala, 1961) en la serie La Ilusión (2012) modifican rostros configurando otros a través de recombinaciones y collages de elementos propios y ajenos.  Recurso utilizado por los dadaístas, como en la imagen de una obra de George Grosz, (Alemania 1893-1959), que cuestionaba el sentido común, el sentido de pertenencia y potenciaba la dimensión lúdica del arte.

 

Mauricio Contreras-Paredes – Theo van Doesburg 

 

Mauricio Contreras-Paredes (Guatemala, 1991) investiga el espacio creando perspectivas que recuerdan a Theo van Doesburg (Países Bajos, 1883-1931). Mediante, el uso del color y la cuidadosa elección de los tonos consigue atravesar el plano pictórico suscitando ambientes y escenarios.

Regina Prado – Julio Zadik

Regina Prado (Guatemala, 1941 ¿?), unas cuatro décadas después de Julio Zadik(Guatemala, 1916-2002) reelabora elementos del paisaje urbano y desde perspectivas diferentes, ambos artistas llegan a semejanzas en los resultados.

 

 

Referencias bibliográficas

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*Silvia Herrera Ubico es doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de Navarra, Pamplona, España. Obtuvo la  licenciatura por la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Ha sido docente de cátedras de Filosofía, Historia del Arte y Estética por más de treinta años en universidades como la Universidad de Navarra, Universidad Rafael Landívar, Universidad Francisco Marroquín, Universidad del Istmo y Universidad de San Carlos de Guatemala. También ha impartido cátedras en La Fototeca y a grupos particulares de entusiastas por el arte y la filosofía. Desde 1992 se ha involucrado en la promoción artística, la crítica, la documentación de obras de arte y la curaduría.

 

Para citar este ensayo: Herrera, S. (2015). Algunas anotaciones que vinculan las vanguardias al arte contemporáneo. Gimnasia – Ejercicios Contemporáneos. Recuperado de https://revistagimnasia.com/2015/06/22/algunas-anotaciones-que-vinculan-las-vanguardias-al-arte-contemporaneo/