Generación Polisémica

El pasado 8 de abril un grupo de personas se reunieron en el Centro Cultral de España en Guatemala para analizar y debatir sobre el panorama del arte contemporáneo en el país y la  generación de artistas que surgen en los últimos años. Silvia Trujillo y Josseline Pinto retoman algunos de los cuestionamientos que surgieron durante el encuentro.

Silvia busca entender de dónde surge un malestar personal para comprender la diversidad de propuestas, intereses, metodologías, procesos y desafíos a los que se enfrenta alguien que desea comprender a una generación tan polisémica:

¿A partir de qué criterios se  puede hablar de un cambio generacional?, ¿cuáles son las características específicas de esa nueva generación?, ¿qué les une?, ¿qué les distancia?, ¿qué les anima?, ¿dónde encuentran los asideros para crear?,  ¿a qué desafíos se enfrentan?, ¿qué ideas cristalizan en su estética? 

Por su parte, Josseline Pinto se embarca en una crítica de las ausencias percibidas durante el encuentro y elabora un el ejercicio de poner a prueba las herramientas de documentación con las que esta generación cuenta a través del Internet, buscando evaluar los registros del pensamiento en una época caracterizada por la futilidad de la información:

Solo habían dos problemas. El primero: el encuentro se conformó con artistas de un pequeño gremio excluyente, pues aunque a estos exponentes los unen varios puntos específicos y referentes históricos de formación, para definir una generación entera es importante y primordial incluir a todos los agentes de la generación para un debate justo. Sino nos toparíamos con la mirada del paisaje sólo de un lado del puente. ¿Dónde estaba el Colectivo La Torana que también produjo en la década de 2000 a 2010 y sus miembros que continúan produciendo? ¿Dónde está Esvin Alarcón Lam? ¿Franco Arocha? ¿La fototeca? ¿Jorge Linares?  ¿Los hermanos Poyón, Benvenuto Chavajay? ¿Nos falta alguien? ¿Son muy viejos o muy jóvenes para ser incluidos o simplemente pertenecen a otra “familia” del arte? Sin embargo, este no fue el hecho que se evidenció más fuerte. El segundo problema fue una conclusión a la que todos llegamos al final: hace falta una plataforma de archivo y la documentación de toda la producción artística que se esté haciendo en este momento. Esto no solo para acumular información “museografiable”, sino para conservar un registro de todo lo que se está pensando y ejecutando y servir como fuente para investigaciones y generación de pensamiento local y externo, futuras exposiciones, escuela para generaciones posteriores, antecedentes de producción y la documentación de una época que aportó al colectivo imaginario inquietudes y nuevas prácticas. Solo una cosa nos quedó completamente clara después del debate: hay que comenzar a documentar o la sentencia de la extinción en la posteridad no será solo una amenaza y generaciones más jóvenes aprenderán primero con referentes extranjeros, antes de toparse con lo local.

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Imagen: Arquitectura Mínima. Gabriel Rodríguez. 2013