EL TRÓPICO EN PAPEL RECORTADO. WEN HSU CHEN

En el marco del tercer Festival del Libro en Xela FLEX, nos acercamos al trabajo de esta artista que narra historias por medio de imágenes. Las páginas que Wen Hsu Chen ha ilustrado permiten acercarnos a un arte con frecuencia ignorado, un diálogo entre la literatura y las artes visuales.

Wen Hsu Chen (1976) estudió arquitectura pero se dio cuenta que su verdadera vocación era la ilustración. Con una técnica que combina la acuarela, el arte tradicional chino del papel troquelado, el diseño de las molas kuna y los planos en relieve, esta artista costarricense nacida en Taiwán ha desarrollado un estilo distintivo que parte de sus múltiples orígenes y su fascinación por la diversidad cultural y natural de su contexto. Creando a partir de sensaciones y sin miedo a los colores, Wen Hsu Chen se ha destacado por dotar de imágenes a libros de la literatura infantil contemporánea en Latinoamerica como El cuento fantasma de Jaime Gamboa, Historia de un árbol de Ricardo Cie y Mi amigo el dragón de Alberto Sánchez Argüello. En 2008 fue galardonada con el gran premio NOMA para ilustradores de literatura infantil, organizado por ACCU/UNESCO en Japón. Su trabajo ha sido publicado en libros y revistas de Costa Rica, Estados Unidos, Guatemala, India, México y Nicaragua. Conversamos con Wen, quien vive en Turrialba, Costa Rica, para conocer un poco de su proceso, sus influencias y su opinión sobre la importancia de la labor de los ilustradores en la actualidad. Poesía, sinestesia, trópico e imaginación, las páginas que esta artista se ha dedicado cuidadosamente a ilustrar permiten acercarnos a un arte con frecuencia ignorado, un diálogo entre la literatura y las artes visuales capaz de hacer que los más grandes encuentren asombro en los libros “para niños”. En el marco del tercer Festival del Libro en Xela FLEX, nos complacemos en publicar este acercamiento al trabajo de una artista que narra historias por medio de imágenes.

 

¿Cómo llegaste a ser ilustradora de libros? ¿Qué camino te condujo hasta aquí?

Yo primero estudié arquitectura en la Universidad de Costa Rica. Más o menos en el cuarto año de la universidad me di cuenta que mi vocación realmente era contar historias por medio de imágenes. Siempre me gustó dibujar y pintar, es lo había hecho toda la vida y no me di cuenta hasta en ese entonces que eso se llamaba ilustración. En Costa Rica la cuestión de la ilustración es todavía muy nueva. Decidí de todas formas terminar arquitectura. Después trabajé como tres o cuatro años en manejo de proyectos y cosas de construcción. En ese entonces tuve una pequeña crisis existencial de no saber a dónde ir, entonces cambié todo. La decisión que tuve clara era que quería estudiar ilustración, mi verdadera vocación. Como en Costa Rica no existía la carrera como tal tuve que ir afuera. Tenía una hermana en Estados Unidos, fui a visitarla, aproveché para conocer algunas universidades y fue así como me fui. Ya con esa formación tuve más confianza para comenzar a crear como una ilustradora.

¿Esta formación tiene que ver con diseño gráfico?

No. Es ilustración directamente. Fui al Long Island School of Design. Lo que hice fue un poco anómalo, porque ya tenía una licenciatura en arquitectura, y lo que saqué fue un bachiller en bellas artes con énfasis en ilustración. Es un pensum diferenciado de diseño gráfico. Comencé a hacer carpeta y entonces me encontré con que había un foro de ilustradores en Costa Rica. Me involucré, nos intercambiamos información y me enteré de un concurso organizado en Japón llamado Noma en el que  podían participar todos aquellos países que no fueran ni Estados Unidos, Canadá o Europa, ya que estaban interesados en darle un enfoque a la diversidad cultural de otras regiones.  Estaba tratando en ese momento de hacer una carpeta con ilustraciones con sello latinoamericano, algo de nuestra región. Participé y me gané el premio. Después de varios años todavía no me lo creo.

A todo esto todavía no te habías involucrado en ilustrar libros.

Había un libro pero no en la técnica de papel cortado que es lo que ahora estoy haciendo más. Estaba hecho con técnica tradicional de acuarelas, como la mayoría de los libros convencionales de la región, que tradicionalmente se han ilustrado así o con pasteles. Quería hacer algo que me obligara a que estéticamente hiciera formas menos figurativas, yo necesitaba algo que me sacara de ese charco de comodidad.

Aquí en Costa Rica llegan las molas, que son un tejido de los kuna, un pueblo indígena que está en el caribe de Panamá. Muchas de sus artesanías pasan acá. Estábamos en Puerto Viejo en Limón, vi el cuadro de una mola y yo dije “este tipo de estética es la que va a obligarme a salir de mi área de confort”. Traté de hacerla con tela pero no me salió como yo quería. Y lo dejé así. Pero luego recordé la técnica del papel cortado que es una técnica china, folclórica y todo, pero que yo había aprendido cuando era chiquilla y con la que hice un proyecto cuando estudiaba ilustración. Y de allí fue donde salió la técnica con la que hoy trabajo. Me puse a buscar leyendas kunas porque quería enviar una historia kuna a la competencia. Un amigo me mandó muchos cuentos modernos y tradicionales, pero no me sonaba ninguno, hasta que decidí inventarla y fue la de una niña china (porque soy china inmigrante, vine cuando tenía dos años) que conoce a una niña kuna en Panamá, se hacen amigas, la chica kuna se lleva a la niña china a Kuna Yala… La ilustración se prestó bastante bien para ese cuento. Con esta historia participé en Japón.

Tu formación como arquitecta también influyó a llegar a esta técnica.

Sí, este instrumento que uso para cortar, cúter de precisión o bisturí, lo conocí en arquitectura, donde vos hacés maquetas, modelos. Y de hecho, las molas son en capas y se parecen mucho a las maquetas de relieve. También me influyó el hecho de ver un libro como un proyecto que debería ser más que la suma de sus partes, la habilidad de cortar y el gusto por hacer las cosas detalladas y chiquitas. Es laborioso, detallista, de una escala más pequeña, trabajo chino le dicen…

Hablando de este proceso de diseño y manufactura que hay en todo esto, ya apegado a un historia. ¿Cómo es el proceso de ilustrar a partir de una narración? ¿Hay un dialogo con el escritor, con la editorial?

Hay libros más fáciles que otros. Hay muchas variables, pero logísticamente la cosa es así: un editor tiene un cuento y normalmente éste decide cual ilustrador va bien con la historia. Cuando gané el premio me llamó Amanuense de Guatemala y otra editorial de India para hacer un libro. Vamos decidiendo en dónde se parte el texto para cada página, mando bocetos, los discutimos, me mandan retroalimentación y así vamos poco a poco.

En el proceso lo primero que hago es leer el texto como cualquier lectora y así van saliendo imágenes. Tengo una sensación del libro, hay unos que son más poéticos, otros que buscan más humor, otros más nostálgicos. A veces escribo esa sensación. A partir de ellas decido una o varias paletas de colores y empiezo a bocetar en pequeñito, hago composiciones, a veces hago páginas de prueba de corte, de cómo quiero la estética, para definir las pequeñas variaciones de estilo. Y varía. Hay libros que necesitan ser más modernos, les pongo collage, a veces necesitan ser más poético o nostálgico, entonces se van con más acuarela, etc.

Como en el caso de El Cuento Fantasma

Pasa algo curioso con el Cuento Fantasma. Como es todo blanco, me dije “le falta color”. Uno es muy mesoamericano en la paleta. Las otras cosas mías tienen mucho color, vivimos en el trópico, tenemos un legado del color fuerte, una desinhibición al color. Me hace gracia porque cuando fui a la feria del libro de Buenos Aires para presentar mi carpeta, me decían “como que tiene mucho color”. En cambio en México les encanta. A este libro le ha ido muy bien en el extranjero, tal vez porque la paleta es más restringida, es como de más gusto afuera  y menos de gusto regional, que al final de cuentas es lo que naturalmente hago, por naturaleza me sale un montón de color siempre.

Wen Hsu Chen. Imagen cortesía de la artista.
Wen Hsu Chen. Imagen cortesía de la artista.

El caso de Historia de un árbol, que es bastante colorido. En este libro predomina el tema de la naturaleza, los colores vibrantes que tienen que ver más con nuestro contexto, en unión a la técnica china del papel cortado.

Y eso que en ese le bajé el tono. Es el trópico, no hay forma de escapar en él. Rojo, verde, fucsia, naranja… el cielo muy azul. Es curioso porque la gente que es asiática y que ve mis libros dice “qué latinoamericano que es”, y la gente latinoamericana que ve mis dibujos dice “qué chino se ve”. No hay escapatoria de quién es uno. Una no puede dejar de ser lo que es.

En el libro que se editó en Nicaragua, Mi amigo el dragón, comentaste alguna vez que trataste de demostrar que  la figura del dragón también tenía una identidad latinoamericana, sobre todo porque tendemos a asociar la figura del dragón a Europa o Asia.

Tenemos culturalmente un legado de “dragones”, Quetzalcoatl por ejemplo, no hay que negarlo. Y eso creo que es la clave de cualquier artista, hay un cúmulo de cosas de las cuales uno puede sacar referencia para su trabajo. Lastimosamente muchos diseños terminan siendo eurocéntricos. No es caer en lo folclórico, pero hoy hay mucha gente que está haciendo cosas bonitas en México, en Perú, en todos lados. Hay un momento muy emocionante, efervescente, mucho campo para seguir explorando.

¿Siempre te mantienes en investigación?

Sí, yo tenía un profesor que nos decía que con tal que de uno tome un libro, aunque sea solo para ojearlo, uno siempre absorbe. Siempre creo que hay que estar experimentando. Como artista, como ilustradora no te podes estancar. Pero más importante que eso no te podés aburrir, si uno se aburre el proyecto se ahoga. Si un proyecto me aburre, tengo que buscar un elemento o un nuevo aire, dejarlo un rato y después volver. El aburrimiento es el beso de la muerte.

¿Siempre ha sido así de detallista, ordenada, paciente?

Soy muy desordenada en otros aspectos, pero creo que es cuestión personalidades de artistas. Tenía compañeros que eran muchos más corporales, pintores de cuadros de más de dos metros por tres, el trazo de ellos era de todo el brazo, de todo el cuerpo, si los ponías a hacer cosas pequeñitas se desesperaban. Y si yo me pongo a pintar un cuadro grande me cuesta un montón, puedo hacerlo pero me es más difícil. Hay cosas que uno puede aprender practicando, pero la naturaleza de uno, esto de ser más detallista o de grandes trazos, es natural. Lo he observado en mucha gente. No pueden hacer algo en un medio, pero lo intentan en otro y lo logran.

Tengo la impresión de que la naturaleza es una de las cosas que más te inspiran.

De niña yo quería ser veterinaria o bióloga marina. La cuestión de la naturaleza, las plantas, la biología me apasiona. Por ejemplo, los niños de nuestra región tienden a recibir libros sobre leones, tigres, conejos, pandas, pero hay muchos animales en nuestra región y tradición que no se representan y que es importante que ellos conozcan, el pizote, las zarigüeyas, etc. Tengo dos chicos y me interesa que ellos encuentren ese amor y esa fascinación que yo tengo por la naturaleza acá, que se te mete en todos lados. Es algo que tenemos de valor, que no es cuestión de rescatar, sino de observar y encontrar asombro en ella. Si uno viviera en Suecia el entorno de uno y el arte de uno sería totalmente distinto, y las cosas que uno llega a experimentar serían distintas. Es un buen tiempo para tener una voz propia, porque hace falta. Creo que en la labor de varias editoriales de latinoamericana nos hemos dado cuenta de que hay un hueco y que a la gente le gusta, y en el contexto regional e incluso mundial la gente quiere saber a través de la ilustración cómo es Latinoamérica.

Como ilustradora, ¿quiénes son tus referentes, hay alguno en especial?

Realmente por mucho tiempo me he basado en arte precolombino, textiles, artesanías indígenas. También hago ilustración de tinta y acuarela tradicional, por eso también son un referente mío las pinturas históricas chinas. Pero en ilustración de libros, yo era fan y todavía lo soy, de la literatura de fantasía. Uno de los ilustradores que me inspiró cuando era chica fue Tony Diterlizzi. De allí comencé a conocer a Edmund Dulac, a Kay Nielsen,Arthur Rackham… Todos estos son ilustradores clásicos de la era dorada de la fantasía, y no tienen nada que ver con lo que hago ahorita. Pero sí fueron la inspiración de buscar la ilustración, de decir “yo quiero narrar historias por medio de imágenes”, y todavía me parecen mágicos.

¿Crees que hay un papel de la ilustración en la sociedad actual, más allá de la visualización gráfica de una historia o un libro?

Creo que como todo artista o toda persona que tenga una actividad creativa hay una responsabilidad fuerte. Todos vemos cosas que nos gustaría cambiar, y el arte siempre ha sido un agente de cambio que al final de cuentas tal vez no cambia nada en concreto o inmediatamente, pero sí que es un germen, un inicio. Como todos los otros artistas, el ilustrador también es responsable. Por un lado, por los ideales que tiene uno, por ejemplo me gustan los proyectos en los que yo puedo expresar la diversidad étnica que hay en Latinoamérica, como sucedió en Mi Amigo el dragón, donde traté de que entre los personajes hubiera gente morena, negra, asiática, toda esa diversidad que somos. Me hizo gracia una vez en Costa Rica, donde mucha gente cree que aquí la gente es muy blanca, una señora agarró el libro en la feria y se asombró de que uno de los personajes fuese indígena. Y por otro lado, está la ilustración que es más conceptual, la editorial, que va acompañada con artículos de revista, en ese campo creo que también podemos hacer que no solo la población infantil, sino también que jóvenes y adultos piensen un poco más allá. Y es más cercano que otras artes, en un sentido que es más accesible para la mayoría de gente. Muy poca gente va hoy en día a un museo o galería, en cambio la ilustración está en la revista, está en el periódico, en el internet. Hay campo para meterle pensamiento, cuestionamiento social. Otra cosa es poder involucrarte en cualquier tema, por ejemplo, los 43 de Ayotzinapa, que es algo que mucha gente no quiere tocar porque que es un hecho muy cruento y crudo. Muchos prefieren no saber nada. Cuando haces una ilustración puedes hacer algo que es hermoso, como una trampa, la gente se acerca, una entrada más fácil que, por ejemplo, la fotografía periodística. Una cosa es una fotografía con una imagen violenta, y otra cosa es que le presentes una ilustración que es muy atractiva o hermosa y la gente se acerca. Es como una forma de poner a la gente a pensar o comentar, o por lo menos a ser conscientes de algo que normalmente rechazarían.

¿Has trabajado algo relacionado a estos temas?

Para Ayotzinapa hice una ilustración para uso libre. Para cualquier que quisiera hacer una campaña que tuviera que ver con los 43. Una vez también hice unas ilustraciones para laRevista Orsai, una revista literaria de Argentina en donde ponían en diálogo a escritores e ilustradores. Me pidieron que hiciera uno junto con Luis Chávez, quien en un artículo crítica la idea de Costa Rica como el país más feliz del mundo.

Al final de todo este trabajo ¿qué recibes a cambio, de lectores, de niños…?

Recuerdo cuando fui a Nicaragua para presentar el libro del dragón. El libro lo hicimos conLibros para Niños, una fundación cuyo objetivo principal es hacer la mayor cantidad de niños lectores en Nicaragua posible. Su principal labor es que van a diferentes pueblos, por todos lados, y ponen rincones de lectura. Los niños pueden tomar los libros, leerlos, llevarlos a casa con una tarjeta. También trabajan en una asociación de niños quemados y en el ala de niños con cáncer en un hospital público. La idea es que son niños que llegan a recibir tratamientos por mucho tiempo, es una oportunidad para hacer de ellos niños lectores. Tuve la oportunidad de estar con ellos, sentarme con los chicos. Es una de las cosas más bonitas de este trabajo. Una vuelve muy agradecida por haber tenido la oportunidad de haber hecho un granito de arena en todo ese esfuerzo que están haciendo, con ganas de seguir trabajando. La ilustración es muy mal pagada en Latinoamérica, pero si lográs presenciar algo como eso vale la pena todo. Un profesor nos había dicho que hay tres razones para hacer un trabajo: una que te pagan bien, otra que lo harías de gratis y otra que te lleva a alguna parte.

Wen Hsu Chen. Imagen cortesía de la artista
Wen Hsu Chen. Imagen cortesía de la artista

 

¿Como ves el campo de la ilustración y la literatura infantil tanto en Costa Rica como en Centroamérica?

Creo que está muy verde. Son buenas y malas noticias. Buenas porque hay mucho campo para explorar, cosas por descubrir, para que mucha gente haga cosas emocionante y nuevas. Las malas es que cuando algo está verde, hay una ansiedad por copiar. Aquí en Costa Rica hay mucha influencia gringa, de repente imitan el estilo que vende, una ansiedad por ser ilustrador cool, moderno, vigente. La vigencia no es tan importante como la solidez de trabajo. Por otro lado, estoy comunicada con el foro de ilustradores, somos varios. Están las dos familias: la de ilustradores veteranos, que estaban antes que yo, que ilustraban los libros que yo leía de niña como Vicky Ramos, Álvaro Borrase, Felix Arburola. Y luego también están los ilustradores jóvenes, llenos de energía, algunos que están estudiando diseño gráfico, hacen exposiciones, eventos, con música en vivo, ese tipo de cosas.

¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?

Sí, siempre. Desde hace algunas semanas que estoy trabajando en un nuevo proyecto con Amanuense. Ya voy bocetando, pensando sobre qué capas cortar… Me gusta mucho cortar papel, es muy zen. Otras técnicas también son así, como el bordado, el grabado…

Es como una terapia también…

Creo que fue Confucio quien dijo que existen ciertas características del hombre completo y una de ellas es el trabajo manual, el trabajo del ebanista, del talabartero, el estar acariciando algo como para que tome forma, agarrar las cosas con cariño es un gusto innato que tenemos todos, una conexión con el objeto y con la realidad.