MARLOV BARRIOS Y EL TEOREMA ADOLESCENTE – Josseline Pinto

Josseline Pinto conversa con el artista Marlov Barrios en el marco de la exposición “Teoremas adolescentes” y a partir de su encuentro escribe este  reportaje (Publicación original de Esquisses.net)

A lo largo de la obra hay una cierta poética de la contradicción, que podría bien ser una metáfora del país, otra de las búsquedas importantes del artista. Una alegoría que cubra ese juego entre la Guatemala rural y urbana, la herencia prehispánica y la verdadera colonización americana, la modernidad y el pasado, lo tecnológico y lo artesanal, el barroco y las culturas globales. El teorema que Marlov construye parte de esto y se vuelve un adolescente confundido al tratar de resolverlo.

Josseline Pinto

Tal vez sea un remolino, o la neofiguración de una nave espacial. Tal vez sea un portal o un control de televisión para descubrir nuevos mundos. Tal vez sea un cerebro visto desde arriba. En fin, las pinturas de Marlov Barrios pueden ser, a primera vista, un coloso orgánico que crece libremente, pero son, sin duda, un portal entre el pasado, el presente y el futuro; la tradición, el choque de culturas latentes y su vida personal; siempre desde su mirada lúdica e introspectiva.

Orgánicos retrospectivos 

Recorro las paredes de la inmensa galería de LA ERRE absorbiendo todos los colores y líneas que percibo. Me siento dentro de un textil maya, siento ser un hilo más, o tal vez una de las figuras de la costura. Me rodea una carga de símbolos históricos y colores vibrantes, justo como en un telar que cuenta la historia de un pueblo. Más que artista, Marlov se ha convertido en un artesano y continúa hilando, tal vez sin su telar de cintura, su propia historia, que representa con intimidad, introspección y mucho juego en esta exposición.

Esta es la última muestra del artista contemporáneo Marlov Barrios y en ella encontramos dibujo, pintura, escultura y grabado de distintas épocas de la creación del artista. Sin embargo, se aleja bastante de ser una muestra retrospectiva, pues todas las piezas son inéditas. Marlov me recibe al otro de la galería, en pleno montaje. Huele a envoltorios plásticos recién rasgados. En el suelo aún hay clavos y dos hombres luchan por encontrar la alineación perfecta del texto que teorizará las paredes de la muestra.

El recorrido es igual de fluido y orgánico que sus pinturas. Podemos comenzar por la derecha, la izquierda o arriba en el techo. Nosotros comenzamos por una serie extensa de dibujos que forman parte del libro de dibujos publicado en Costa Rica el año pasado. Mi primera reacción es sorpresa. El trazo de Marlov se caracteriza por ser composiciones orgánicas que crecen espontáneamente dentro de sus propias líneas dirigentes. No es libre, pero sí espontáneo y tan contradictorio como pude ser un trazo que sale en un estado de conciencia libre, aún así sigue una estética y figura prevista. Recuerdo la inmensidad de los murales efímeros que pintó con la misma estética en la 19ª Bienal de Arte Paiz. Era imposible no sentirse pequeño, rodeado de lo que podrían ser los planos de máquinas o robots amorfos que conquistarían el mundo. Me atrevería a llamarlo un neofuturismo, no en el sentido del futurismo de Marinetti de 1909, sino como una fuerza de lo mecánico, lo galáctico.

El trazo es preciso, sin embargo, libre. Nos remite inmediatamente a algo más íntimo, a un Marlov en su colorido estudio vistiendo los lienzos con telas negras para que todo lo que sienta en ese momento se vaya solo al dibujo, al telar blanco y negro que teje con líneas a tinta en ese momento.

“Esta exposición se llama Teoremas Adolescentes porque un teorema es una verdad que tiene muchas formas de comprobar su exactitud. Mientras que un adolescente es la antítesis de un teorema, porque cuando se es adolescente nos urge vivir, tenemos una búsqueda vertiginosa y dolorosa todo el tiempo,” menciona el artista. Y justo ese dinamismo entre los dos conceptos encierra toda la muestra. Pues, a pesar de cuán seria parecen ser sus obras y exactas en su elaboración, para él todo es un juego, Marlov sigue siendo un adolescente que se encierra en su mundo, en sus héroes, en su historia para tratar de explicarse su alrededor y nuestra propia realidad.

Colonizaciones del cassette y la pasión

A lo largo de la obra hay una cierta poética de la contradicción, que podría bien ser una metáfora del país, otra de las búsquedas importantes del artista. Una alegoría que cubra ese juego entre la Guatemala rural y urbana, la herencia prehispánica y la verdadera colonización americana, la modernidad y el pasado, lo tecnológico y lo artesanal, el barroco y las culturas globales. El teorema que Marlov construye parte de esto y se vuelve un adolescente confundido al tratar de resolverlo.

Su obra no termina (ni empieza) con solo la parte formal. En realidad, una mirada superficial de su obra no es suficiente para comprenderla. Hay que ir más allá. Activar el tanque de guerra con preguntas sobre su esencia. Los colores solo son el primer paso, pero para acceder a ella hay que conocer el contexto donde se realizan y pensar en nuestra propia historia, pero sobre todo en nuestros sentimientos ante hacia esa historia. ¿Por qué importa hablar sobre el poder de la iglesia y qué tan dominante es en mí? ¿Qué es la cultura, más allá de una configuración de símbolos abstractos? Marlov apunta a hacer nuestras propias preguntas y traducir en posibilidades su propio imaginario.

Una de las obras que dialoga con estas contradicciones, de mundos que aparentemente no se corresponden, es este tanque de guerra precolombino-chapín de la serie Turboavistamientos.

Imagino la habitación de Marlov de niño. Lleno de juguetes de superhéroes, Transformers quizás, tanques de guerra y chapulines, yoyos del lago de Atitlán y cucuruchos. Desde niño el mundo se le presentó en “paquete todo incluido” en “boy, dreams do come true” y “patojo dejá de soñar que te vas a morir de hambre”, en procesiones y McDonald’s. Marlov, al igual que todos nosotros es un hibrido a-cultural, la diferencia es que toda su identidad está plasmada dentro de una galería y la nuestra sigue dentro.

En Teoremas Adolescentes, Marlov no trata de aferrarse a una infancia que perdió o a tratar de reivindicarla, sino que sigue siendo parte de él así como toda la herencia de sus raíces y busca, simplemente, evidenciarla. Escribir un poema con pinceles para explicarse el mundo, para buscar reconocer su nombre, para verse al espejo y decir: Sí, yo soy él.

Las espinas inmediatamente me alertan de un peligro. De que no me acerque. De que el telar maya del que aún soy parte dentro de esta galería está a punto de deshilarse. Este tanque de guerra de mi estatura se siente como una delicada rosa que para evitar su poda se protege con espinas filosas. ¿Pero qué es lo peligroso? ¿Acaso lo es mi propio acercamiento a este collage cultural por formar parte de él? O ¿es más una advertencia de lo evidente?

Más allá del impecable trabajo de construcción de esa pieza, la simbología que encontramos aquí se repetirá a lo largo de toda la exposición: tanques americanos, superhéroes, tradiciones guatemaltecas y la modernidad, ese choque del mundo prehispánico y el occidente católico. ¿Forman también parte de nosotros como latinoamericanos? ¿Cuál es la dominante?

Las espinas para el artista significan dos opuestos: “desde Guatemala, las espinas hacen alusión a la piel de la Ceiba. Si vemos un incensario de tierras bajas por ejemplo, o una urna del posclásico, las espinas están haciendo alusión a la Ceiba. Desde el punto de vista occidental: las espinas son el martirio y la redención de Cristo. Entonces ese símbolo, que para mí es precioso, encierra el martirio desde su punto de vista barroco, que es alienante porque era una estrategia de dominación de los pueblos indígenas que representaban su árbol sagrado de la vida,” afirma.

Marlov evidencia en otras obras dos poderes específicos: la iglesia como institución y Estados Unidos; los verdaderos entes conquistadores. En obras como esta, esos poderes se ponen en conflicto, sin llegar a ser denuncias o evangelios con soluciones. Simplemente se evidencian, porque existen, están y por supuesto, subyacentemente entra nuestra crítica.

Barroco postmoderno-urbanizado

Desde que iniciamos el recorrido, estas pinturas llamaron mi atención. Me encandilaban sus colores cuando las veía de reojo. Las siete piezas remiten a otra búsqueda: las capas que el artista va hilvanando en distintos estados de conciencia sobre el mismo proyecto. Por eso estos cuadros se crearon en varios momentos y abordan tres ejes claves: el grafismo de los mayas, el barroco colonial y la construcción del superhéroe norteamericano y japonés que, forman parte de la cultura del mundo contemporáneo.

Para mí, mis pinturas son como un karaoke con consecuencias digitales, marañas orgánicas que crecen espontáneamente entre la tradición textil, los clásicos referentes pictóricos y la nueva cultura occidental. – Marlov Barrios.

La forma de las pinturas, con estas líneas colosales, casi nebulosas y sobresaturadas nos remiten inmediatamente a las iglesias de la Antigua Guatemala. Templos con grandes columnas sobre-adornadas. Así, las pinturas de Marlov bien podrían estar en las columnas de las iglesias en otra clase de mundo, pues es esa yuxtaposición de líneas, imágenes, adornos y colores que representan la parte colonial de nuestra arquitectura y, tal vez, de nuestra misma personalidad.

En las piezas más pequeñas esos estados son más claros y también lo es la paleta de colores que Marlov utiliza recurrentemente: colores tropicales que encontramos en textiles mayas, más opacos para ser apropiados por el espectador. Toda la exposición se trata de hacer nuestra la historia y aportarle algo propio; el público funge como una especie de coautor silencioso y fugaz.

ARQUITECTURA DROP-OUT

Desaprender. Recuerdo el poema de Ana María Rodas “Estudié porque no había remedio/
afortunadamente lo he olvidado casi todo” y asiento. Si Marlov hubiera continuado con su formación universitaria como arquitecto, tal vez nada de esto estuviera pasando. Sin embargo, los años de instrucción en la técnica fue lo que definió su verdadero interés.

En los primeros años de la década pasada, en las ya oxidadas paredes de la facultad de arquitectura en la USAC, un grupo de jóvenes estudiantes decidieron probar suerte formando un colectivo artístico llamado La Torana. Ellos eran Plinio Villagrán, Erick Menchú, Josué Romero, Norman Morales y, por supuesto, Marlov Barrios. Por diez años se dedicarían a llevar sus obras en proceso colectivo. Tal vez no todo lo que se aprende en la universidad deba olvidarse.

“Yo antes que aprender el oficio de pintar o dibujar, aprendí determinados procedimientos para estructurar proyectos en colectivo. El dibujo arquitectónico es todo menos espontaneidad. Es a escala, con estructura. Mi interés al acercarme al imaginario de la pintura inicialmente, no teniendo yo ninguna formación de bellas artes, me impulsó a desaprender lo que había aprendido. Mi pintura y mi dibujo son la antítesis de todo lo que aprendí y la influencia potente del movimiento de los informalistas españoles de los 50, como Antonio Saura, Antonio Millares, Rafael Canogar y Tapiés. Especialmente el grupo El paso, y El equipo crónica, que hacían obra pictórica colectiva”, reflexiona Marlov.

 

Hurt is the answer

En Teoremas adolescentes, nada proviene de una realidad ajena al artista. Todo se vive desde el primer plano y nuestro acercamiento es igual personal. La mirada que tenemos a partir de su obra es su propia visión del mundo, que resulta ser la realidad de todos. A pesar de haber sido creada en la oscuridad, durante el dolor, esta no pierde vigencia o intimidad universal.

En sus dibujos es donde ahondamos más hacia nosotros mismos; al no ser representaciones figurativas la mente llega a puntos infinitos de imaginación. Es como una contemplación mural que no pretende encontrar sentido a la imagen, son, más bien, volúmenes o presencias estridentes que nos hacen sentir dolor, frustración, alegría e introspección en cada línea.

Me halan distintos sentimientos en cada dibujo que veo. Voy rápido de extremo a extremo, de color a blanco y negro y descubro que hay algo de mí en cada una de estas obras. Al parecer, todos estamos dentro del complejo telar, del karaoke orgánico y la urbanidad con la que Marlov nos invita a identificarnos.

 

Fuente: www.esquisses.net/2015/04/un-karaoke-con-consecuencias-digitales-marlov-barrios-y-el-teorema-adolescente/