SEXO Y RELIGIÓN. ENY ROLAND HERNÁNDEZ-JAVIER – Miguel Flores Castellanos

La obra de Eny Roland Hernández Javier (1981), no se podrá entender si no se conoce a profundidad la religiosidad guatemalteca, con la que este autor parece dialogar en forma permanente.

Por Miguel Flores Castellanos

POR MIGUEL FLORES CASTELLANOS

Texto tomado del blog SEMIÓSFERA, FOTOGRAFÍA DESDE CENTROAMÉRICA

El 2011 pone en evidencia el trabajo fotográfico de un joven que daba de impresión de quererse comer el mundo. Con una energía desbordante empieza la creación de distintas series de imágenes construidas donde empezó a fluir cierta opinión sobre las tradiciones y el el actuar del religioso católico en la mente de los jóvenes. La obra de Eny Roland Hernández Javier (1981), no se podrá entender si no se conoce a profundidad la religiosidad guatemalteca, con la que este autor parece dialogar en forma permanente. Desde este espacio censura el boato y la falta de libertad de hombre. Se atisba en la obra de este fotógrafo el posicionamiento ideológico producto de estar consciente de aspectos como que el poder castra, y de que los extremismos religiosos llegan a causar impacto en el actuar del ser humano.  Las primeras imágenes de este fotógrafo autodidacta, aparecen publicadas en el Magacín 21(sic) del diario Siglo XXI. Gente del mundo de la cultura de Guatemala posaron para un retrato, que superó el mero registro, para adentrarse en los campos de la fresca composición estética llena de sentido. El valor estético de este conjunto de imágenes es tal, que colindan con la obra de arte, por adentrarse y connotar los diversos mundos complejos de las diferentes personalidades del mundo artístico de ese momento (Figuras 1, 2 y 3)

Este fotógrafo sorprendió en Foto30[1] del 2011 con una visión íntima de algunos participantes en el Convite de Totonicapán, disfrazados con trajes alegóricos de personajes de la televisión como , Mikey Mouse,  el Burro de Sherk y Barth Simpson (Figuras: 4, 5 y 6).  En esa ocasión Hernández-Javier coloca a estos nuevos modelos en una cantina, la tienda del lugar, o en una casa cualquiera. Al sacarlos del contexto del desfile los personajes toman posesión del espacio y el discurso se desvía por otros derroteros, gracias a estrategias connotativas como la iluminación y el uso del color unidos a la representación simbólica que es el personaje. El discurso de la globalización es evidente y este fotógrafo hace ver las incongruencias de su uso en la provincia guatemalteca, así como registra cambios de paradigmas de las festividades populares del occidente del país. A partir de esta exposición y gracias a la autogestión de su obra, Hernández-Javier  ha logrado importantes posiciones en el mundo de la fotografía actual en Guatemala, una tarea compleja porque su obra no hace concesiones, y su contexto es una sociedad mojigata y conservadora.

Una serie en continuo proceso es Fábrica de Santos, donde ha llevado hasta las últimas consecuencias iconos religiosos como la Virgen de la Asunción, San Juan Diego, Maximón y la imagen de Cristo en diferentes advocaciones. El observador se deja llevar por la iconografía y su articulación con los títulos, con lo que crea un factor sorpresa, que puede causar desconcierto. En forma simultánea emerge de lo profundo de la imagen su verdadero sentido, esto sucede por ejemplo con obras como la Virgen de la Asunción (Fig. 9), donde además de la advocación mariana, se hace alusión al prestigiado colegio de señoritas La Asunción dirigido por monjas. Al incluir el uniforme del colegio como vestuario de la joven modelo y sumar la pose representativa de la Virgen de la Asunción, patrona de la Ciudad de Guatemala, con el título Virgen de la Asunción, ruega por nosotros, los tatuajes y la falda corta, pone en tela de juicio ciertos valores manejados al extremo en esta institución educativa. Lo mismo sucede con San Juan Diego (Fig. 7), que reúne toda la iconografía tradicional del santo pero aquí la tilma es sustituida por una camiseta, pero siguen presentes signos como la imagen de la Virgen de Guadalupe en el regazo del joven y las rosas, el santo es un joven contemporáneo del mercado de flores cercano al Cementerio General de la Ciudad de Guatemala. He aquí un ejemplo de reinterpretación del milagro guadalupano, otra vestimenta, otro tipo de sujeto, otra temporalidad, pero permanece inerme símbolos que mantienen vigente la leyenda del milagro. En la nueva representación de Maximón, Hernández-Javier, actualiza la vestimenta y apariencia del santo, a lo kitch de nuevo rico. En la obra de este fotógrafo es notorio el gesto como un signo que no pasa desapercibido, un ejemplo elocuente de esto es la imagen de un Cristo, por los estigmas en las manos la imagen se orienta a que se trata del momento despues de la Resurrección, en la pose de las manos queda congelada una acción, que el autor no devela. ¿Se quita o se pone la corona de espinas? cualquiera que sea la respuesta el efecto es trascendental (Fig. 10)

Conocedor de la religión por haber estudiado en un férreo colegio católico, su discurso visual asume nuevos acercamientos a este tema, junto a otro como son las devociones de los guatemaltecos. Sus series Las Penitentes de la Recolección, introduce una visión propia, desmitifica a las cargadoras[2] del Sábado de Ramos, idealizadas por los varones devotos cargadores de esa procesión, este fotógrafo introduce en esta serie modelos vestidas como cargadoras, con el porte y erotismo de la mujer actual, contraviniendo el recato impuesto por la iglesia en esas actividades, sus penitentes abarcan un amplio abanico de lo femenino desde la heterosexualidad a la transexualidad. Sin duda la imagen más crítica la constituye donde la mujer vestida de negro con un elegante velo sobre el rostro, muestra como naipes los “turnos” o cartulinas que indican el momento y lugar donde el devoto cargador debe presentarse a llevar la procesión en hombros.  Estas cartillas se llevan con orgullo el día de la procesión, y aqui se exhiben como trofeos de una justa (Fig. 13).  Con estos mismos insumos genera otra serie que denomina Madgalas, donde entremezcla enunciados en blanco y negro, así como en color, a estas mujeres dolientes en escenarios derrumbados, si bien por un lado deja constancia de una simbiosis de dolor y erotismo de sus personajes. Se sufre, pero de éste sufrimiento surge un gozo, en un continuo círculo vicioso. En esta serie Eny Roland maneja el discurso fotoperiodístico que le caracterizó en sus inicios y que vuelve a llevar más lejos.

Una obra que refleja la acción del contexto social en la obra de este autor es Adán y Esteban, pieza que condensa el sentimiento reaccionario a una ya memorable frase de presidente Álvaro Colon, “-Dios crió a Adán y Eva y no a Adán y Esteban (sic)”, respuesta en un foro cuando se le preguntó sobre el matrimonio gay en Guatemala. Con un sentido lúdico, la imagen de Hernández-Javier, centra a estos dos personajes en una sola toma. Esta fotografía tiene intertextualidades del Adán y Eva de Durero en forma evidente en la pose de los cuerpos, el uso de la manzana en la mano de Esteban termina de dar sentido a la obra, ante el impacto del desnudo frontal de Adán. Esta poderosa imagen coloca el origen judeocristiano del hombre en manos de dos varones, Adán y Esteban (Fig. 21) . Con la sustitución de Eva por Esteban la imagen crea una tensión al desbaratar los conceptos preestablecidos. Invitado a participar en la Bienal Paiz[3] de 2012, Hernández-Javier interviene muros de la sexta avenida con fragmentos de esta obra, sus ampliaciones (la bienal no dejó que se pusiera la imagen completa) de cierta partes fueron expuestas en formatos gigantes realizadas a través de fotocopias. El efecto de ampliación de partes del cuerpo magnificaron su sentido simbólico (Figs. 18 y 19). Una de estas piezas que mostraba el abdomen e insinuaba la región púbica, fue retirada por parte de la tienda Tropigas la dueña del muro ¿censura? (Fig. 21.a). Esta pieza completa, en una versión impresa en fotocopias, fue colocada en forma clandestina sobre un muro de la 13 calle “A” y 7ª. avenida de la zona 1, una de las más transitadas del la capital. La agresión y actos vandálicos que recibió esta pieza merece una investigación aparte del proceso de recepción de una obra de arte, la que fue destruida especialmente en áreas como los pies y la genital (Fig. 20).

Dulce Mortificación es otra serie de Hernández Javier donde se acerca al más recalcitrante fenómeno religioso de la Semana Santa, el mundo de los cargadores varones y sus hermandades. El propio autor expresa: …esta serie es una crítica al consumismo religioso, al negocio de la religión, que se hace mucho más obvio en Guatemala con celebraciones como esta de la Semana Santa.  Por otro lado se pretende abordar el problema de cómo (…) se sigue imponiendo, de formas sutiles, una cultura de muerte, de conmemoración de la pasión y  muerte de Cristo por sobre su resurrección (…) se impone el sufrimiento como una forma de júbilo morboso, (…) ritualmente cada año con distintas excusas por parte del población conveniente y temporalmente devota. En estas fotografías se incorpora iconografía católica tradicional entrelazada con sensualidad, luto y fetichismo: la forma personal en que percibo la Semana Santa guatemalteca. (Hernández-Javier, E, 2014, Dulce Mortificación. Blog).

Figuras 22, 23, 24 y 25 de la serie Dulce Mortificación  (2013)  ©Eny Roland Hernández-Javier Las imágenes de esta serie si bien nacen con la intensión crítica a las formas desbordadas e hipócritas del consumo de los productos simbólicos como cargar o el adorno excesivo de las andas procesionales durante Semana Santa, o la fingida devoción de algunos participantes, los enunciados resultan proyectar una riqueza de sentidos sobrepuestos que crean embeleso y regodeo en las formas y los cuerpos, donde se marca una mirada masculina sobre el cuerpo del varón. Pero esta acción si se analiza objetivamente no ofende o transgrede los dogmas cristianos sino los acentúa y los presenta por medio de sistemas simbólicos que en forma aparente parecen enajenados, pero que en realidad son el reflejo de acciones humanas. Como se apuntó anteriormente, no se puede obviar es el uso del gesto en Eny Roland, que va desde el corporal (o partes del cuerpo o cuerpo desnudo) el vestuario, o determinados objetos hasta el momento provenientes de la religiosidad. Es evidente que este fotógrafo conoce antecedentes que utilizada como referentes imaginarios, como las obras de Daniel Hernández-Salazar (La Piedad de la Muerte -1997-, El Cristo de mis pasiones -1997, o la serie Los Músicos) o Luis González Palma (Ofrenda, Virginal, Pérdida de su pensamiento, realizadas entre 1989 y el 2000), con este cúmulo de imágenes son notorias varias intertextualidades que se hacen patentes en su obra, pero de otra forma, dando un paso adelante en lo que se quiere significar, las obras de este autor van al cuestionamiento aparente de lo religioso, pero en realidad se centra en el sujeto producto de esa presión ideológica sobre el ser, el que expone en toda su carga simbólica autoimpuesta, pero de la cual el ser mismo se siente orgullo de ser un doliente, es por eso de la sobresaturación de símbolos sobre su cuerpo.  Estas fotografías se saturan de objetos dorados, telas brocadas, cordones y sangre, es en Dulce Mortificación donde se observa la influencia del arte barroco colonial. Las figuras salen de la penumbra y se iluminan en forma dramática para resaltar toda la iconografía que entrama entre adveraciones marianas y crísticas. Otra faceta de este fotógrafo lo constituye Galería Urbana. A través de unidades fotocopiadas de sus fotografía logra murales con sus propias imágenes. Un ejemplo ha sido sus intervenciones en espacio públicos. Luego ha compartido este espacio con otros artistas, el producto de esta colaboración lo constituyó el mural en el muro perimetral de un estacionamiento sobre la 7ª. Avenida y 13 calle de la zona 1, sobre el tema de los perros, otros miembros que integran la capital de Guatemala. Junto a Jorge Mazariegos, que intervino con pintura su fotografía generó un mural donde la inminente lucha de dos perros, se constituyó en una metáfora de la convivencia violenta entre los ciudadanos capitalinos.

En un país donde la oferta cultural escasea y no existe la tradición de visitar museos, las iglesias católicas, muchas aun con un rico legado pictórico colonial, se constituyen en los primeros espacios que el guatemalteco puede percibir el arte, pero condicionado a una fe. A muchos creadores contemporáneos ha influido ese discurso doliente de los crucificados y vírgenes lacrimosas.

Sexo y religión, siempre son una mezcla explosiva. En un primer momento estas imágenes causan conmoción al católico tradicional porque Eny Roland hace un juego audaz de los significados, los cuales conjuga con cierto efecto lúdico, ya sea a través de un gesto o de la enigmática sensualidad corporal. Sus modelos se muestran desnudos y a menudo es visible el rostro, algo que no sucede en fotografías de cuerpos masculinos en la década de los noventa del siglo XX, o los inicios del siglo XXI. Estas imágenes confrontan al espectador con la construcción propia de su masculinidad por un lado, y sus ideas de lo religioso inculcadas en el seno de la familia. Es en esta fricción donde da inicio una combustión que puede deja huellas (aplauso, miedo al autoconocimiento, censura, negación de espacios para exponer, etc.). La obra este fotógrafo, además, rompe con los géneros fotográficos instituidos por la modernidad, ya que no hace retratos de los sujetos fotografiados, aunque puede ser posible identificar a un conocido. Este fotógrafo crea un discurso personal, en el cual se disuelve el sujeto, que pasa a ser un recurso simbólico más de su intención discursiva. Eny Roland es un artista que al mismo tiempo gestiona, en forma profesional, su obra a través de medios como el internet y las redes sociales, donde ha tenido gran éxito. Si bien su obra empieza a ser expuesta en galerías, este artista va mucho más allá. Esto hace evidente que la adquisición de arte se está alejando de las actividades tradicionales y él lo sabe. Hernández Javier es la nueva generación de la fotografía en Guatemala que dará mucho de que hablar en el futuro. Miguel Flores Castellanos.  Guatemala, octubre de 2014.

Fuente: http://miguelflorescastellanos.com/2014/10/30/eny-roland-hernandez-javier/