ALTERNATIVA: ALBERTO RODRÍGUEZ COLLÍA

El trabajo de Alberto Rodríguez Collía es un retrato honesto y exhaustivo de la sociedad guatemalteca, desde el lenguaje habitual de sus periódicos amarillistas hasta la imagen proyectada por la televisión nacional durante los años más violentos del conflicto interno armado.

Emiliano Valdés

Por Emiliano Valdés

Tomado de Xtrart

El trabajo de Alberto Rodríguez Collía es un retrato honesto y exhaustivo de la sociedad guatemalteca, desde el lenguaje habitual de sus periódicos amarillistas hasta la imagen proyectada por la televisión nacional durante los años más violentos del conflicto interno armado. El artista mezcla, sin solución de continuidad, referencias de las llamadas alta y baja culturas así como de múltiples disciplinas (el cine, la historia, los libros, la música, etc.) para hablar de un país que no es sólo el de la eterna primavera, como el instituto nacional de turismo proclama, sino el de una historia y una realidad complejas. Grabador, director de arte, DJ, artista y diseñador, entre otros, Rodríguez se alimenta de las distintas prácticas para hablar de un contexto y un quehacer difíciles de describir.

Conceptualmente, Rodríguez Collía trabaja desde y en situaciones que le entusiasman, sobre temáticas y en contextos varios; y se ve influenciado por la manera de acceder a la información en internet: aleatoria y casi compulsiva. Cuando siendo niño leía las enciclopedias, se asombraba al ver cómo el orden alfabético mezcla cosas dispares. La mezcla, el caos, y por lo mismo el collage –en papel y video–, son estrategias y medios que subyacen a toda su producción. Dj Spooky, en una conferencia, mezclaba información dispar imitando el “caos” en el que uno suele recibir la información (pasaba de hip-hop a algún filósofo alemán del s. XX a un filme de los 70´s a un científico italiano del siglo XIX). El contraste inmediato y la comparación de unidades discursivas discretas genera una estructura y un modo de concebir la obra que da fuerza y autonomía a sus trabajos.
El acervo de referencias de Rodríguez Collía se constituye y amplía mayoritariamente con referentes de fuera del espacio “arte.” Una influencia reciente es Michael Faraday, su experiencia empírica, su búsqueda creativa a prueba y error en su laboratorio, y su tenacidad. “No tengo ni idea de cómo pueda influenciar en mi producción, pero es una figura que admiro, posiblemente por la pasión que entregó a sus proyectos persiguiendo ideas abstractas,” dice. El músico de sampleo estadounidense Girl Talk es otra figura importante. El placer al hacer música que Rodríguez Collía percibe en sus mezclas se convierte en referente metodológico de su propia producción artística.

Influenciado por la gráfica desde una temprana edad, el proceso (químicos, métodos, disciplina, accidentes) y la “magia” de la bidimensionalidad, (“cómo algo plano que ocupa poco espacio puede contener una imagen que tiene la capacidad de influenciar fuertemente a personas que la aprecien”) forman parte intrínseca del modo de operar de Rodríguez Collía. A esto se añade una pasión y estudio sistemático de algunos de las producciones editoriales más importantes de la historia: El Sutra del Diamante, el Libro de Kells, los incunables, etc. Los libros lo fascinan: su estructura, ritmo y narrativa, que construyen a través del collage y siguiendo el efecto Kuleshov del cine, también son incorporados o extrapolados en su proceso creativo. La actitud punk de los fanzines y publicaciones de bajo costo terminan de armar su panorama de influencias gráfico.

En palabras del artista: “me gusta trabajar con archivos (de imágenes, sonido o vídeo), [pues] contienen una abundante cantidad de información y son valiosos al investigar épocas específicas en la medida en la que reflejo de la época en la que fueron creados. Continuamente consulto hemerotecas (físicas o virtuales) y otros tipos de archivos. En el caso de los periódicos amarillistas, surgen por el interés de una parte considerable de la población, y en los casos más extremos, representan un termómetro importante del imaginario de la sociedad, de la población media.”

Rodríguez Collía responde a su contexto inmediato pero alejándose de todo lenguaje críptico. Con el tiempo, el arte ha ido desapareciendo en función de la vida cotidiana como componente principal de su trabajo, un testigo de situaciones absurdas, lúdicas o sórdidas que lo acompañan cotidianamente. El artista funciona a modo de espejo que devuelve una imagen incisiva de la realidad en la que se sitúa. En relación a Guatemala, donde vive y trabaja, Rodríguez Collía se interesa por la dualidad que se vive en el país con la manipulación mediática (intensificada durante el Conflicto Armado Interno 1960-1996) y en cómo convergen diariamente situaciones contradictorias que envuelve al ciudadano en una especie de “limbo social, cultural y político”. Fundamental tanto en su vida como en su producción simbólica, el cine es para Rodríguez Collía un proceso de formación continuo y ha sido un vehículo por medio del cual ha trabajado también en la gestión cultural, curaduría y dirección de arte. Ejemplar de este aspectos son sus colaboraciones con el cineasta guatemalteco Julio Hernández. Además ha estado al frente de varios festivales y programas de cine independiente en el país. “Siempre hay filmes que regresan a uno, casi como una influencia continua, no literal si no en la libertad de tomar decisiones,” dice. Aunque su trabajo aún no incluye el cine en sí, la lógico de gran parte de sus obras es de carácter cinematográfico.

Alberto Rodríguez Collía es un canal directo al pensamiento de su generación y a la relación que ésta tiene con la conciencia de devenir histórico: “creo que la mayoría de los artistas de mi generación es consciente del contexto político del país pero pocos lo abordan en sus obras y eso depende de la época que nos ha tocado vivir en la que prevalece el desencanto político. Son temas que han sido tratados ampliamente por generaciones anteriores. En los casos en los que lo abordan, la forma tiende a ocupar el mismo lugar o uno mayor que el contenido mismo. No solo hay un inevitable cambio generacional, sino también de era, de ahí que posiblemente la ruptura cada vez sea mayor.”

Compleja pero con claridad discursiva, la obra de Rodríguez Collía se sitúa en un espacio intergeneracional en el que recurre al pasado pero firmemente anclado en el presente. Con una curiosidad incansable y con una capacidad singular para manejar y mezclar información de distinta naturaleza, la obra de Rodríguez Collía se construye a partir de combinaciones de imágenes, tiempos y disciplinas que hablan de una realidad específica desde múltiples ángulos.

Fuente: http://www.xtrart.es/2015/02/05/emiliano-valdes-alberto-rodriguez-collia/