¿DÓNDE HABITAMOS EN ESTE MOMENTO?

Dejar que las palabras vivan o mueran como los cuerpos. Dejar que las posibilidades empiecen en cero y se acerquen cada vez más al infinito. Dejar que la vida se asiente en el vacío o que se caiga de la concurrencia. ¿Qué es inhabitable o “no habitar algo? 

Josseline Pinto

Por Josseline Pinto

Contenido publicado originalmente en Esquisses.net

Dejar que el cuerpo se vaya o se quede. Dejar que las palabras vivan o mueran como los cuerpos. Dejar que las posibilidades empiecen en cero y se acerquen cada vez más al infinito. Dejar que la vida se asiente en el vacío o que se caiga de la concurrencia. ¿Qué es inhabitable o “no habitar algo”? Esta es la pregunta que para Andrea Mármol abre un diálogo que se transformará en su primera exposición individual: Inhabitable.

LO INHABITABLE DE MÁRMOL

“Tengo la necesidad de ser minuciosamente observadora con lo que me rodea. El arte me ha brindado la posibilidad de ser una espectadora del mundo con una multiplicidad de lecturas sobre lo que pienso, escucho, veo y vivo”, comienza Andrea, quien inició su carrera artística en las residencias de Espira/La Espora en Nicaragua y ahora ha participado en exposiciones colectivas como la Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano (BAVIC) 2014, la XVIII Bienal de Arte Paiz, el Festival Internacional de Arte Visual Contemporáneo en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito, Ecuador, entre otras en Suiza y Estados Unidos. Además, es co-fundadora de la Asociación MarES (Mediación Artística Educación y Desarrollo), la cual promueve educación crítica y reflexiva del arte contemporáneo y convoca la participación de artistas jóvenes en la creación.

Ahora Andrea agrega a la lista su primera exposición individual; Inhabitable. En ella utiliza recursos reflexivos para volverse polvo y colarse por lo incongruente, lo sucio y amargo de nuestra cotidianidad, ser su cómplice y repensarla. Pretende enseñarnos lo que ya conocemos desde símbolos, imágenes y conceptos  que deben desarticularse, des-comprenderse y deshacerse para apropiarse de ellos. La soledad, la violencia y las emociones que nos hacen dejar de habitarnos o volvernos inhabitables dan un empujón a esta muestra sin estar ahí explícitamente.

“El concepto y el resultado surgieron a partir de una serie fotográfica que mostraba un fantasma en diferentes espacios. De ahí comencé a cuestionar a amigos y otras personas sobre qué era inhabitable para ellos o qué era no habitar algo”. Esto tuvo como resultado dos extremos: o no tener nada (el vacío absoluto) o una acumulación de cosas no útiles; aquí comienza lo que sería un trabajo de meses que se construyó a partir de sentir, más que de especificar”, explica Andrea.

Inhabitable es un diálogo constante en el que Mármol utiliza las técnicas de pintura en óleo y dibujo para retratar, con símbolos, cientos de historias reales que no están escritas más que en la vida misma. No se inventan sino se reconstruyen a partir de una realidad inhabitable. Una realidad que engloba a toda la humanidad, y en ella a Guatemala, tan vulnerable como el amor, tan violenta como una caída libre y tan curiosa como una pequeña niña en una ventana.

Las pinturas combinan la impecable técnica con el intrigante concepto, sentimiento con reflexión, incongruencia con la certeza de las verdades que nos comunica e ideas detonadoras con sutiles personajes conocidos, nuestros niños, nuestro pasado, nuestro futuro.

“Reconocernos y reconocer al otro hace de Inhabitable un mapa lleno de trayectos de vida, en donde hay placer, odio, historias, soledades compartidas, apegos, violencia y sutileza,” describe. “Hay clavadistas  y decisiones que se toman como la mejor pirueta desde un trampolín y segundos que cambian completamente el camino. De cierta forma, Inhabitable propone este salto, evidencia esta caída libre y reconstruye historias a partir de lo que muchos humanos ya somos y hacemos. Apela a la intuición y a la sensibilidad, a la construcción de otros mapas mentales que nos permitan dialogar con nuestro entorno”.

Julio Hernández Cordón escribe sobre la muestra: “Gente que desaparece. Por otro lado, personas que aparecen con sólo mover un poco la tierra. Son muertos y son varios, más bien, demasiados, y emergen como submarinos hundidos sin pistas de la tripulación. Gente podrida que al ponerla al sol grita palabras mudas. El mundo está lleno de palabras mudas esperando que alguien las pronuncie y que lo haga con cierta elocuencia, por lo menos. Andrea Mármol tiene, aunque suene exagerado, pequeños mazos en sus dedos. Con ellos se pronuncia y retrata un lugar sin líneas fronterizas entre el cine, la música, los asesinos, los freaks, los irresponsables y Guatemala”, el país inhabitable ¿o no?

LO INHABITABLE A TRAVÉS DEL HÁBITO

Para lograr esta serie, Andrea ha hecho por varios meses de la pintura y el dibujo un hábito que en la exposición reconstruye, dejando al lado la concepción de técnicas ortodoxas o los encasillamientos de las etiquetas y jugando con el orden de los elementos y las posiciones de los cuadros. Los vuelve así, instalaciones o esculturas pictóricas invadiendo todo el espacio que pueda, como la vida misma que ocupa todo nuestro entorno.

“Históricamente, ambos –la pintura y el dibujo- tienen una fuerza innegable. Me interesa sobre todo, la capacidad de documentar que tiene la pintura. Documentar con una sensibilidad a los ojos de quien la hace, que trasciende la técnica misma, ya que es capaz de filtrar con sutileza, a través del tiempo,  una opinión plasmada en un lienzo, donde siempre hay algo más que se dice entre líneas” explica.

“Con la pintura siempre queremos acercarnos y observar el detalle y a partir de este impulso que nos llama hacia ella, es necesario absorber esa sensibilidad y lo intangible que nos activa el pensamiento y el cuestionamiento hacia lo que vemos” cuenta la artista. Por esto, Andrea juega con la mismas posibilidades de la pintura y se vale de su lado documental para retratar la vida que todos experimentamos, conscientes o no, pero desde un mundo paralelo, simbólico, electrizante y sonoro que nos invita a activar el cuestionamiento y el diálogo constante más allá de lo que se muestra.

Podríamos afirmar incluso que Inhabitable no juega solamente con la pintura o la pintura como instalación, sino la misma cumple la función del arte conceptual, abogando por la necesidad de activar el significante para entrar y proponer un significado. Mármol propone pinturas-objeto que invitan a la introspección hacía lo más profundo de nosotros, allí donde los conceptos se conectan con lo sensible y nos hace sentir, ver, conocer y participar.

En el texto de Hernández Córdon, para presentar la exposición, explica que “lo poderoso –de Inhabitable– es que Mármol lo hace desde imágenes que parecen ajenas a lo que ve por su ventana, se apropia de un universo extraño que destila un pop amargo, con sexo enfermo, sin morbo, miradas con ojeras de violencia y un aburrimiento de la cultura de masas. Situaciones y atmósferas que sólo ella logra mover como un cubo de Rubik para crear, a partir de la miseria humana, una extraña belleza que golpea. Piezas elegantes pero sucias. La banalidad la respira del otro. Algunos intuimos que los titulares de nota roja podrían dibujarse y escribirse con vehemencia. Mármol lo sabe”.

El ARTE DE MÁRMOL

Encasillar al arte contemporáneo en conceptos, técnicas y estilos se queda corto y es, francamente, absurdo. Lo importante, lo que queda, lo que perdura es la reflexión que lo sustenta. “Es la capacidad de inducir al cuestionamiento con tal fuerza que  tienen el poder de abandonar la certeza y ponernos de frente con la realidad, que puede ser tan fría como la porcelana o tan incierta como ese encuentro que nunca llegamos a ver”, explica Andrea.

“En esta era ya no basta con ver una pintura en la pared. Hay que voltear a ver el techo, el piso, la columna, hay que utilizar los espacios públicos y apropiárselos, reconstruirlos y desaprender muchas cosas aún” afirma Andrea, y esto es lo que pretende Inhabitable.

“Me inspira y me reta el que haya posibilidades de creación, aprendizaje y de producción que fomentan el pensamiento crítico, que tengan voz y hablen sin miedo, que a pesar de  los recursos limitados, económicos, materiales, intelectuales, etc, siga fomentando la necesidad de crear, de movilizarse a pie, reconociendo que no somos los únicos en estas condiciones y que eso debería de crear nuevos y muchos aliados con la fortaleza suficiente para continuar construyendo una conciencia del mundo que habitamos, lidiando con las desigualdades, las opresiones, la corrupción, la muerte en las calles… pero también de la lucha y  de nuestro deber frente a esa lucha” afirma y de esto parte la realidad de Mármol construida de figuras, trazos amplios, paletas suaves y reales, una composición lúdica y una reflexión muy presente.

Andrea no quiere encasillar su obra a un solo concepto y por esto nos pregunta estas dos interrogantes que continúan latentes, ¿qué es inhabitable para la humanidad? Y ¿dónde habitamos en este momento?

Fuente: http://www.esquisses.net/2014/10/andrea-marmol-habita-lo-inhabitable/