LAS INFINITAS POSIBILIDADES DEL OLVIDO. MARILYN BOROR

“Encontré que na’ oj  y sus derivados referían al  sentir, entendimiento, inteligencia, sensibilidad, pensar, razonar y sin embargo la palabra na’ojil estaba en un diccionario de Neologismos… en ese momento supe lo que para mí era arte”

 

Marilyn Boror. Blanquear la raza.  Xar o taza de barro.  Cortesía de la artista.
Marilyn Boror. Blanquear la raza. Xar o taza de barro. Cortesía de la artista.

Marilyn Boror (Guatemala, 1984) es una artista visual, licenciada en Arte por la Universidad de San Carlos de Guatemala, bachiller en arte por la Escuela Nacional de Artes Plásticas Rafael Rodríguez Padilla y profesora de arte. Ha participado en diversas exposiciones colectivas  y residencias en Centroamérica. Por medio de talleres de expresión artística y creatividad, desde 2007 ha fomentado proyectos culturales y educativos en espacios rurales y urbanos de Guatemala. Parte de su trabajo reciente se ha enfocado en el poder de las palabras como detonadores históricos de significados culturales y cuestionamientos de identidad. Dentro del marco del Festival del Libro en Xela FLEX, Marilyn Boror participó junto  a otros artistas de diferentes disciplinas en el conversatorio “Otras poéticas”, el cual buscó explorar cómo diferentes artistas involucran y funden las palabras y la poesía en otras expresiones artísticas como el performance, los videojuegos y la música.

 

G: En parte de tu trabajo, en las artes visuales e intervenciones urbanas, las palabras han sido un elemento constante, especialmente en la serie Para no Olvidar sus nombres.  ¿Cómo surge esta relación con las palabras, sus significados? ¿Cómo fue ese proceso?

M: Mi familia es de origen kaqchikel, nací en los años 80s’, años de guerra en Guatemala. Mis padres deciden no enseñarme el idioma kaqchikel, el idioma materno en mi pueblo, según ellos  para evitar el racismo, clasismo y diferencias que se marcan cuando un indígena aprende su idioma materno antes que el español. A partir de ahí comencé a indagar y cuestionar a mis padres, la situación del país y el límite impuesto entre mi abuela y yo, ella no quería hablarme en español y no le gustaba que mis padres me quitaran el traje típico. Comencé a recordar palabras que escuchaba mencionar a mis padres, a mi abuela materna y mis tías, y descubrí que muchas palabras que para mí eran comunes, para otros no lo eran, como “muxux”, que significa “ombligo”, y que para mí era una palabra más que me hacia recordar a mi mamá haciéndome cosquillas en el estómago; o nim koy que significa monote (gran mono), porque a mi hermanita la llamaban “monita” de pequeña.

Descubrí que a muchas personas de mi generación les sucedía los mismo. No conocíamos el idioma y estábamos perdiendo las historias de los abuelos. Empiezo a  leer diccionarios, ver significados, estudiar los neologismos, estudiar la cosmovisión maya  y en ese preciso momento me encontraba leyendo Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. Estaba en la parte donde a las personas de Macondo les da insomnio, el olvido se apodera del pueblo y empiezan a olvidar el nombre de las cosas y deciden escribir rótulos de las palabras sobre los objetos. Marcar cada cosa con su nombre, fue la forma de no olvidar la realidad. Para mí eso estaba pasando en Guatemala, estábamos olvidando el nombre de las cosas. Y así nacen mis primeras piezas  de la serie “Para no olvidar sus nombres”.

“Con un hisopo entintado marco cada cosa con su nombre: mesa, silla, reloj, puerta, pared, cama, cacerola. Fue al corral y marco los animales y las plantas: vaca, chivo, puerco, gallina, yuca, malanga, guineo. Poco a poco, estudiando las infinitas posibilidades del olvido, se dio cuenta de que podía llegar un día en que reconocieron las  cosas por sus inscripciones, pero no se recordara de su utilidad. Entonces fue más explícito. El letrero que colgó en la cerviz de la vaca era una muestra ejemplar de la forma en que los habitantes de Macondo estaban dispuestos a luchar contra el olvido: Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y la leche hay que hervirla para mezclarla con el café y hacer café con leche. Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentáneamente  capturada por las palabras, pero que había  de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita.”

Cien Años de Soledad. Gabriel García Márquez

 

 

G: Las palabras han funcionado no sólo para nombrar sino también para captar la realidad y el contexto bajo una determinada visión. En tu trabajo el objetivo va más allá de la resistencia y la recuperación de un idioma, como el kaqchikel, sino que hay detrás un llamado a rescatar el pasado y los símbolos que construyen una identidad. Desde esta experiencia, ¿qué puedes decirnos acerca de la palabra Na’ojil, cómo llega ésta a ti y cómo influye a partir de entonces en tu trabajo?  

M: Na’ ojil para mí es arte. Necesitaba decir que lo que estaba haciendo para mí era arte, entonces escribo en un marco la palabraNa’ojil y al lado coloco la  hoja de un diccionario de neologismos del idioma kaqchikel donde se debía buscar entre todas las palabras con N la que significaba el concepto en español. Encontré que Na’ oj  y sus derivados referían al  sentir, entendimiento, inteligencia, sensibilidad, pensar, razonar y sin embargo la palabra Na’ojil estaba en un diccionario de Neologismos… en ese momento supe lo que para mí era arte.

Para no olvidar sus nombres. 2013 Intervención urbana. Costa Rica.
Para no olvidar sus nombres. 2013 Intervención urbana. Costa Rica.

G: En esta serie de intervenciones urbanas en las que palabras en dos idiomas fueron pegadas a los objetos de un espacio público, nombrándolos, se sigue apelando a la memoria y al acto de perdurar a pesar de la violencia y el paso del tiempo. Es interesante el caso de los neologismos formulados en los idiomas mayas, ¿por qué enfocarte en ellos? ¿Desde las artes visuales podrían ser una metáfora de esta perduración o resistencia histórica?

M: Sí, ¿Qué poética puede llevar el pegar sobre unas gradas estas palabras repetidamente? JOTAB’ AN KÏ – SUBIR  y  QAJKÏ – BAJAR, que las personas pasen sobre ella y que estas se comiencen a borrar con el tiempo, que algunos pregunten ¿De dónde es ese idioma?, pues los idioma indígenas no se conciben escritos; descubrí que por ejemplo la palabra GRADA no existía en los diccionarios de idiomas indígenas porque en los pueblos las personas no necesitaban gradas, ascensores, semáforos o teléfonos públicos; estas palabras se componen a partir de la acción, el verbo, la raíz, la cosmovisión y que por ejemplo un neologismo puede hablarnos de esta cosmovisión: Computadora se traduce literalmente “Tejedora de palabras” o que Kaxlan es “lo que no es de acá”, “lo que no es originario”, “lo no-nuestro”, “el ladino”, “el mestizo”, como Wa que es “tortilla” y Kaxlanwa que es pan, porque lo “nuestro” es la tortilla.

Para no olvidar sus nombres. 2013 Intervención urbana. Guatemala.
Para no olvidar sus nombres. 2013 Intervención urbana. Guatemala.

G: Presentaste  Kaqchikel-slash-Kaxlan durante la 19 Bienal Paiz de Guatemala. Los asistentes podían interactuar con los sellos que diseñaste con conceptos tradicionales que se tienen de kaxlan e indígena, ¿cómo crees que el público respondió al tema de la identidad a partir esta obra?

M: Kaxlan es: ladino, español, mestizo, no nuestro, según diccionarios bilingües de Guatemala. E Indígena es: originario, nativo, inculto, de modales rústicos, según el DRAE. Las personas podían llevarse una pieza, podían hacerse un sello, o ambos, de los conceptos de Kaxlan o Kaqchikel. Me sorprendieron algunos comentarios como “Yo soy Pérez Pérez, pero de España” o “Yo no soy indio” o “Yo tengo sangre pura”. Regularmente las personas preferían usar el sello de Kaxlan. Otros no podían creer que esos eran los términos que se usaban en los diccionarios y algunos optaban por llevarse los dos conceptos grabados, uno sobre otro.

 

G: Por último, si esta serie de Para no olvidar sus nombres ha sido fundamental, también has tomado otros caminos como en la serie de Mundos o Mapas.  Has mencionado que a través de estas obras intentas denunciar el juego de poder detrás de un orden que se instaura, en este caso el espacial. Ya sea por medio de un lenguaje hegemónico o el control sobre los territorios, ¿por qué el poder es uno de los temas que te mueve a crear?

M: Los tiempos si han cambiado, pero el racismo sigue latente. No quiero que mi postura sea la de la pobre indígena a la que hay que tenerle pena y compasión, porque tampoco quiero aprovechar el ser indígena para que me pongan atención. Algo importante para mí es mostrar que reconozco mi historia y la historia de mi país, la acepto y denuncio lo que necesito denunciar a través de mi arte.